El Futuro de EU (versión 1927)

  • Tiempos interesantes
  • César Romero

Ciudad de México /

Uno de mis autores favoritos que menos he leído es Aldous Huxley. Con cierta vergüenza confieso aquí que además del inmortal “Un Mundo Feliz” (A Brave New World) publicado en 1932, no recuerdo casi nada de su prolífica obra. Con una excepción: el ensayo que publicó en la edición de agosto de 1927 de Harper’s Magazine. Un texto breve, titulado “La perspectiva de la cultura estadounidense”.

Escrito hace un siglo como “algunas reflexiones sobre la era de las maquinas” Huxley abre con esta frase: “The future of America is the future of the World”.

Anterior a la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, las irrupciones juveniles de los 60s, sus réplicas conservadora de los 80s y el caos actual, Huxley anuncia la americanización del mundo. Con su extravagante inteligencia anticipa la globalización económica, la revolución digital y las locuras neo-imperiales de la actual Casa Blanca.

En poco menos de siete páginas, el filósofo y escritor británico parte de reconocer en la producción industrial masiva de Henry Ford uno de los rasgos centrales de su tiempo y que, para bien o para mal, determinaría el futuro del mundo.

De los beneficios a la raza humana debidos a la mecanización, destaca el abaratamiento y velocidad del transporte como un camino para alargar el mundo físico de las personas y enriquecer sus mentes. Enfatiza el surgimiento de más eficientes métodos de impresión y grabación de imágenes y sonidos. “Cualquier tipo de ruido, desde un discurso político, un concierto sinfónico, una banda de jazz o un sermón pueden transmitirse en todo un continente”.

En el reverso de la moneda, reconociendo que la mecanización ha traído disfrute a Estados Unidos y el resto del mundo occidental, así como posibilita el crecimiento de la cultura universal, asegura que, en los hechos, esta no llegará, pues lo que se genera son “más disfrute y más prosperidad, lo que significa más baile más fiestas, más películas y más distracciones”.

Sostiene “Una gran mayoría de hombres y mujeres no están interesados en una vida superior”. Y aquí es donde aparece el visionario: “Los objetos materiales de producción masiva son de mucha mejor calidad que las ideas de producción masiva”.

Se atreve, incluso, a decir que “el único efecto importante de haber enseñado a todos a leer y escribir es que los humanos de menor inteligencia ahora son vociferantes en lugar de simples tontos”.

Con una prosa de su momento y su contexto –no olvidemos que se trata del creador de la distopía de una sociedad estratificada desde antes de haber nacido, controlada por drogas y sexo y al servicio de un buen símil del Big Brother, que Orwell descubriría dos décadas más tarde--, Huxley tiene un par de insultos favoritos: imbecilidad y vulgaridad.

Como parte de la americanización del mundo, sostiene que “todos los recursos de la ciencia son aplicados para que la imbecilidad pueda florecer y la vulgaridad cubra todo el planeta”.

Por supuesto que no habla personalmente de Trump o de la Social Media –su texto es de 1927--, pero sí ve como la propia lógica del capitalismo y la producción masiva prefiere lo peor por encima de lo mejor, la chatarra sobre la cultura. Consumismo y plutocracia aparecen con claridad en el horizonte que Huxley ya era capaz de ver hace 99 años.

Reconoce el avance, respecto a los modelos políticos anteriores, que el formato democrático representa, aunque considera la revuelta en su contra ya desde entonces estaba “obviamente destinada a extenderse”.

Crítico severo de las propuestas igualitarias de educación, Huxley alcanza a ver un futuro modelo universal que denomina “realismo sicológico” y en el mismo sentido que Aristóteles justificó la esclavitud –como una supuesta correspondencia justa a “la naturaleza” de la persona—perfila un mundo futuro en el que “la democracia política como ahora se practica será desconocida”.

Por cierto, Aldous Huxley murió justo el día que John F. Kennedy fue asesinado (Noviembre 22, 1963).


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