El regreso de El Peje

  • Tiempos interesantes
  • César Romero

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

M+.- En cierto sentido, no puede regresar, porque nunca se fue. Comenzando por Claudia Sheimbaum, la persona elegida por él como su reemplazo en Palacio Nacional, buena parte de quienes ocupan las posiciones clave del nuevo régimen siguen siendo las mismas que él decidió poner ahí. “Somos lo mismo” ha reconocido ella.

Sin embargo, las señales que forzarán su vuelta al centro del escenario nacional están ahí, más que claras: en los mensajes desenterrado por la vieja prensa, como un supuesto testimonio venenoso del gran Monsi, en los “murmullos” en su contra que aparecerán en el libro de “gran amigo”, el embajador Ken Salazar. Pero sobre todo, las guerras intestinas entre los suyos y el hundimiento del aparato de propaganda que lo llevó al borde de la canonización.

Ahora tendrá que enfrentar la brutal ofensiva que intenta convencernos de que el expresidente fue cómplice del narcoterrorismo.

Por supuesto que con el misma enjundia y entusiasmo con que celebraba el proceso penal contra García en Estados Unidos, ahora condenará “la intromisión imperialista” de los juicios que se cocinan desde aquel país en contra una selecta lista de gobernadores, secretarios de Estado, empresarios y operadores políticos.

Resguardado aún en su finca de nombre celebre –La Chingada--, inevitablemente El Peje viene de regreso. Seguramente a lo suyo: recorrer, una vez más, todas las plazas públicas del país; municipio por municipio, pueblo por pueblo con el mismo rollo de supremacía moral con que, a la tercera, derrotó políticamente y sin violencia a “la mafia del poder”.

En un país sin memoria, ya logró alguna vez que olvidáramos a su Secretario de Finanzas jugándose en las Vegas, los dineros de la capital, o a su Secretario particular en un video embolsándose, “para el movimiento”, fajas y fajas de dinero en efectivo, como sus propios hermanos y quizás sus hijos, o a su Secretario de Gobernación protegiendo criminales, o su jefe de Gabinete como lavador de dinero, o el presidente de su partido en supuestos tratos con huachicoleros, o su vocero operando políticamente para el crimen organizado, entre otros.

Sin duda alguna Andrés Manuel López Obrador es uno de los personajes más hábiles de estos tiempos interesantes. Imposible olvidar la portada del libro que tenía, casualmente, mientras cancelaba el aeropuerto de Texcoco (“Quién Manda Aquí”).

Un genio en el aprovechamiento de crisis. Encantador de serpientes ya alguna vez reclutó tanto al magnate de la tele, como super monero; al productor de telenovelas y “estratega de redes”, al mega empresario, al ideólogo de izquierda radical y una multitud de figuras contrarias entre sí.

De cualquier modo, difícil imaginar un regreso triunfal hoy que todo el continente es campo de batalla ideológica en el que una derecha delirante le está ganando la mano a una izquierda rancia que apesta a corrupción por los cuatro costados. Difícil, ahora que su “amigo” Donald Trump se ha vuelto adicto a los operativos militares relámpago y la lluvia de drones como argumento para complacer a sus seguidores más rupestres. Ni con el rol de Sheinbaum en estadio de los Giants, como parte del entourage de un Trump abucheado, pero buscando colarse en la foto de una España campeona del mundo.

Montado en la misma ola populista que recorre buena parte del mundo, el señor Peje construyó una amplísima clientela políticas modernizando el clientelismo priista. A la par que entregaba grandes rebanadas del poder y negocios a los militares, supo mantener una encendida retórica nacionalista junto con un brutal pragmatismo: “¡Que alce la mano quién nos quiere peleando con Estados Unidos!”.

Pero eso fue desde Palacio Nacional. Conocedor de la Historia de México --a pesar de sus patinazos, lo es--, AMLO podría pensar en los casos del presidente Calles y sus tentaciones injerencistas; o quizás en el propio Santa Ana y sus once veces en la presidencia y a partir de esas experiencias reconocer su nueva realidad. Sinceramente lo dudo.

Sea por ambición, egocentrismo, el coro de aduladores a su alrededor, lo veo con claridad de vuelta a las grandes marchas, los mítines multitudinarios y los mega plantones. Encabezando una defensa patriótica en beneficio de una camarilla de personajes que, ya lo demostraron, no tienen al país como su prioridad.

Como en casi todas las guerras, es de esperarse bajas de cada bando. Quizás Trump fracase en las urnas en noviembre. Quizá el pacto de silencio del viejo régimen se mantenga con la Cuatroté. Al día de hoy lo único garantizado es el espectáculo.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite