Mexicans Watchdogs

  • Tiempos interesantes
  • César Romero

Ciudad de México /

Publicado hace muy poco por la Universidad de North Carolina, “Mexican Watchdogs. The Rise of a Critical Press since the 1980s” me parece un libro indispensable para quienes tienen algún interés en la historia reciente del periodismo en México.

Andrew Paxman describe la realidad de la “prensa vendida” que conocimos quienes nos formamos en los periódicos mexicanos de los años 80s y 90s y nos ofrece un muy completo relato de cuatro décadas de periodistas que marcaron el parteaguas entre medios corruptos y cómplices del viejo régimen, versus una nueva etapa de libertad de expresión y algo de profesionalización que comenzó como una especie de militancia a favor del cambio democrático en nuestro país.

A partir de la versión más romántica del periodismo estadounidense –su comportamiento en el caso Watergate y la guerra de Vietnam son sus referentes—, al cual presenta como esa gran fuerza civil que vigila los excesos de poder, denuncia la corrupción y es necesario para la construcción de una “democracia saludable”, el autor comienza su relato con su propio testimonio como alguna vez joven reportero de The News, aquel pequeño y muy digno periódico en inglés que se editaba en el centenario edificio de Balderas esquina con Morelos en el corazón del entonces Distrito Federal.

Sin estridencias y con rigor académico recupera la historia de la adicción de los grandes barones de la prensa a los dineros, los lujos y la impunidad propias de las élites, sobre todo políticas, también la archi contada ruptura de Excelsior con Echeverría en 1976, pero pone mayor énfasis en la llegada a los medios de una nueva generación de reporteros, fotógrafos, editores y hasta empresarios que abrieron las puertas a una nueva realidad de un periodismo más libre y más profesional.

El también autor de “El Tigre: Emilio Azcárraga y su imperio Televisa” (circula desde el año 2000; lo escribió junto con Claudia Fernández), recupera el importante papel que tuvieron en el cambio de era algunos periódicos nacidos fuera de la Ciudad de México –como el semanario Zeta y el periódico Siglo XXI--, así como, en la capital, el efímero unomásuno, La Jornada, Milenio y, por supuesto, Proceso y Reforma.

Más allá de la importancia de los cabezales, el tema de los dineros, la llegada del internet (portales de noticias) y la permanente preminencia de la televisión, en su nuevo libro Paxman destaca el rol de una buena cantidad de personajes reales, de carne y hueso, cuyo trabajo periodístico contribuyó a la transformación del país. La mayoría de ellas y de ellos son mis contemporáneos y a muchos los conocí personalmente –no a Paxman--, aunque no es por casualidad que en la portada del libro aparecen, en tres fotografías, Carlos Salinas, Ramón Alberto Garza y, obvio, Andrés Manuel López Obrador.

A través de un detallado recuento histórico y también entrevistas nuevas para el libro, el autor recupera la versión pragmática del jefe del clan Salinas sobre el rol de los medios y la importancia de intelectuales y periodistas como un espacio de diálogo entre sociedad civil y poder político; también nos permite mirar el colmillo largo y retorcido de AMLO, ese personaje que tanto se benefició de la pasión crítica de muchos periodistas, a los cuales luego, los convirtió en blanco fácil para insultar y distraer.

En su extensa crónica Paxman también alcanza a registrar el eterno jaloneo al interior de un gremio de egos de extrema fragilidad, en un entorno de endémica fragilidad económica debida a su enclenque circulación y modelos de negocio basados en el subsidio oficial que terminan por explicar su rol preponderante como una especie de espejito mágico del poder y/o el clásico retrato de Dorian Grey.

Del boom de apertura y grandes historias periodísticas de los 90, a los excesos y tropiezos que acompañaron a “la pareja presidencial” del nuevo milenio; del ridículo atuendo militar de un presidente en guerra contra el narco, a la frivolidad y descaro de corrupción del regreso del PRI al poder. El suyo es el relato de la brutal irrupción del narcotráfico contra todos y, en particular, periodistas y el desgaste de la vieja relación entre la prensa y el poder. Aunque también, registra la irrupción positiva de los portales independientes, los libros de alto impacto.

Todo, hasta el retroceso que representan las conferencias de prensa mañaneras que le permiten a Palacio recuperar el control de la agenda pública nacional.

Paxman inicia y termina su crónica con la idea de que una prensa independiente, libre y profesional es necesaria para la construcción de una democracia plena. Quizás por ello su distancia con el regreso de la presidencia imperial de los últimos siete años.

Leo en su texto un testimonio honesto. Me queda clarísima la empatía del autor por un oficio que ha sido el suyo. Reconozco y comparto buena parte de lo que sus principales voces cuentan en su libro. (Daniel Moreno, Raymundo Riva Palacio y otros; muchos otros). Me cuesta un poco más compartir su optimismo sobre el futuro, de subsidios o mecenazgos, que perfila para este noble oficio.


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