Mientras rueda el balón

  • Tiempos interesantes
  • César Romero

Ciudad de México /

En el estadio de los Vaqueros de Dallas, Argentina y Austria protagonizan hoy el partido 41 de la Copa FIFA 2026. Pasamos la tercera parte del torneo y seguimos con hambre de celebración. De hecho, la mayoría de los 48 equipos participantes todavía sueñan con el milagro futbolero. En el espectáculo, las plataformas y los videos cortos van arriba en el marcador contra la televisión.

Pero el planeta sigue girando y los grandes poderes siguen en lo suyo, acumular más poder. Musk y su fortuna personal superior al millón de millones de dólares, Trump en su happy birthday número 80 con un sangriento espectáculo de la UFC en la Casa Blanca.

En ese contexto, justo en el día 2 del Mundial (12 de junio) cuando la selección de Estados Unidos goleaba 4-1 a Paraguay en Los Angeles, en el poblado minero de Las Claritas, al sur de Venezuela, en cosa de un instante un misil de las Fuerzas Especiales estadounidense hizo añicos una casucha de techo de lámina color verde.

Según Donald Trump, dentro del lugar se encontraba El Niño Guerrero, el presunto fundador y jefe supremo del Tren de Aragua, la hasta hace poco desconocida organización narcoterrorista que controlaba una enorme red internacional de tráfico de personas y drogas en todo el continente.

Héctor Guerrero Flores es señalado por Estados Unidos como uno de los peores criminales del universo. Tenía 42 años de edad y durante casi tres lustro tuvo el talento criminal para, aun desde la cárcel, reclutar a Nicolás Maduro y al alto mando político y militar del régimen chavista, también descabezado por otro operativo militar estadounidense en los primeros días de 2026. Creíble o no, esa es la narrativa dominante.

Por ello y ante su incapacidad para garantizar que antes de las elecciones de noviembre los precios de la gasolina alcanzaran sus niveles anteriores a la guerra contra Irán (la tregua firmada vale lo que una hoja de papel), el gobierno de Estados Unidos redobla su gran apuesta de satanizar a los “bad hombres”, esos obscuros personajes que “invaden” su país y “envenenan” a las buenas personas del gran U.S. of A.

El guion es muy simple. La mismísima Sara Carter, hasta hace poco reportera de la cadena Fox News, en su calidad de zarina Contra las Drogas, llora ante las cámaras de Epoch Times, otro medio cercano a MAGA, jurando que ni ella ni las 16 agencias policiacas y militares que supuestamente coordina, permitirán que otro americano inocente muera a causa de una sobredosis de fentanilo, como, asegura, le ocurrió a un amigo cercano a una de sus hijas.

La epidemia del fentanilo –creada más por la voracidad de las grandes farmacéuticas estadunidenses en el tema de los opiáceos artificiales que por la perversidad de China o los capos latinoamericanos— es la nueva excusa de la retórica imperial. El mensaje es más que claro: reales o imaginados, comunistas, extremistas islámicos o narcos, quienes entren a la lista negra del imperio serán exterminados.

“Si no lo hace el gobierno mexicano, lo haremos nosotros”, reiteran Trump y los suyos. En ese contexto, la única duda radica en si la mira apunta hacia “La Chingada” o hacia Palacio.

Y como la propia señora Carter asegura, la nueva cruzada incluye a los políticos y empresarios mexicanos cómplices de las organizaciones recientemente registradas como narcoterroristas (las misma que han trabajado de la mano con la CIA en el combate a las guerrillas marxistas de centro y sud América).

En los hechos, la sentencia está dictada: El Tren de Aragua sí, pero sobre todo, los cárteles mexicanos, supuestos responsables directos de ese medio millón de estadounidenses que han muerto por sobredosis de fentanilo durante el último sexenio.

“A los americanos no les interesa controlar el sistema de justicia mexicano, lo que quieren son cambios de conducta, que México deje de apoyar a los carteles, por eso hoy tienen como prioridad a la parte política y la base económica del narcoterrorismo en el continente”, afirmó hace unos días Samuel González en Aristegui Noticias.

“Las reglas del juego han cambiado” y “mientras la zarina llora, aquí en México no le damos el valor que tienen los desaparecidos por el narcoterrorismo”, dijo.

Sea por un deseo genuino por limpiar el sistema –no lo creo--, o como una manera de congraciarse con los segmentos más primitivos de sus bases electorales, el misil sobre la choza en Las Claritas, municipio de Los Sifontes es un mensaje que se añade al tema de las visas revocadas, las filtraciones periodísticas o las listas de personajes que, asegura Edgardo Buscaglia, han convertido al Estado Mexicano en una “mafiocracia”.

“Not if, but when”, es la conclusión obligada sobre lo que viene. Porque pocas escenas podrían emocionar más a los grupos racistas, xenófobos y fanáticos de las armas, que las imágenes de un operativo violento (los drones y explosiones son obligados) en contra de algún personaje de la narcopolítica mexicana. Sea del círculo del señor de Palenque, algún gobernador, senador o destacado miembro del gabinete. En lo fundamental, da lo mismo.

Y eso no será lo peor, sino lo que vendrá después: muy probablemente, nada.


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