Nacieron en 2008. Esto es, después del iPhone, Nintendo y Xbox. El suyo ha sido, siempre, un universo digital, de Social Media y videojuegos. Además –por el covid--, iniciaron su adolescencia y la secundaria con dos años encerrados en sus casas y conectados al resto del mundo a través de una pequeña pantalla. Para ellas y ellos, la Inteligencia Artificial es algo completamente natural.
Llegaron al mundo en el contexto de una brutal crisis financiera internacional. Estudiaban la primaria cuando, a partir de mentiras y manipulación mediática, Inglaterra se separó de Europa y Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos.
Son la generación Zeta, nuestros One Piece. Y muchos de ellos querían entrar a la Universidad más importante de México a partir de atajos tecnológicos, trampas y, en algunos casos, fraudes descarados.
A grandes rasgos, se trata de más de 100 mil jóvenes a los se les ofreció la fórmula de un examen a distancia como vía para ocupar los 22 mil lugares disponibles en 130 carreras universitarias. El primer resultado fue un desbarajuste.
“¡Fuera los tramposos! ¡Fuera los tramposos!”, en coro una multitud de jóvenes gritaban frente a la Biblioteca Central de la UNAM, el gran ícono arquitectónico de la institución que en la historia de México ha formado a más, mucho más profesionistas que ninguna otra.
El tema no es exclusivo de un solo país. En 2019 en las Universidades Ivy League un pillo experto en el tráfico de influencias cobraba pequeñas fortunas para asegurar el ingreso de los hijos de sus clientes a Harvard, Stanford y otras de ese nivel; la famosa “Operation Varsity Blues: The College Admissions Scandal” (Netflix, 2021).
El antecedente más reciente es de este este mismo año en India, donde al gobierno de Narendra Modi, “el más popular del mundo” le detonó una crisis mayor cuando el jefe de la Corte Suprema llamó “parásitos” y “cucarachas” a los estudiantes y activistas que protestaban ante las irregularidades en el proceso de admisión a la carrera de Medicina. “¿Y si las cucarachas se unieran?”, le contestó en sus redes un activista que, en semanas, formó una página de internet “El Partido de las Cucarachas” con más de un millón de personas registradas. La presión social llevó al cese culminante del ministro de Educación y la capitulación total ante las demandas estudiantiles.
Nunca es fácil reconocer que la nueva realidad ya nos alcanzó. Fue necesario un comité de 15 sabios del más alto nivel para comenzar a enmendar el entuerto. Ante una serie de anomalías estadísticas, como un aumento de 500% en la cantidad de resultados cercanos a la perfección, la UNAM recurre a un mecanismo previsto en la misma convocatoria, un “examen de control”, que podrán presentar unos 58 mil aspirantes; los 20 mil ya seleccionados y aquellos que obtuvieron un puntaje mínimo aprobatorio a su disciplina, de acuerdo con los procesos de ingreso de los últimos 5 años.
Las complicaciones de un nuevo examen –obvio, será presencial y con supervisión humana--, son mínimas frente a la relevancia del tema. Lo que parece perfilarse es un importante aumento en la matrícula para el ciclo escolar en puerta –lo cual de suyo sería un logro. Además de que luego el rigor académico de los primeros semestres es de esperar que la generación 2027 quedará marcada por altos índices de deserción.
¿Qué habría amparos y quejas? Pues sí y todas deberán atenderse conforme a las reglas de la Universidad.
Por supuesto que una cosa es condenar, con toda energía y convicción, el fenómeno de la trampa, los fraudes y la corrupción, pero otra muy diferente es la tentación de salir a perseguir a los presuntos tramposos. Aún culpables –si se les prueba--, lo serían de qué, ¿de querer estudiar? Después de todo, contra la cultura de la transa el mejor recurso es, justamente, la educación.
Dada la importancia de recomponer la legitimidad del proceso y el prestigio de la propia institución, el tema logístico y material de abrir más espacios resulta menor, sobre todo –paradojas de la vida--, gracias a las herramientas que ofrecen las nuevas tecnologías.
En todo caso, el gran tema de fondo es cómo se puede/debe educar en los tiempos de la Inteligencia Artificial. La primer y evidente ruta apunta hacia un mayor énfasis a la dimensión ética y de valores. En ese contexto, no resulta casual que sea la UNAM, una entidad pública con un marcado compromiso social, en particular con los grupos sociales menos favorecidos, la institución a la que, “haiga sido como haiga sido”, le corresponde marcar el rumbo. Al menos hasta ahora, el rector parece decidido a agarrar el toro por los cuernos. Y esa lección sí es para todas y todos.
Respecto al conjunto de jóvenes afectados por esta serie de eventos desafortunados, vale subrayar que estamos ante una generación ya marcada por la resiliencia. Al igual que los bichos que sobrevivirán al holocausto (García Márquez dixit), como lo están demostrando alrededor del planeta, este nuevo mundo ya les pertenece.
Nota para el registro: La UNAM me formó, ahí soy profe y la institución es mi empleador. Obvio, mis opiniones son mías.