¿Quién manda aquí?

  • Tiempos interesantes
  • César Romero

Ciudad de México /

Cayó El Mencho, ¿Y? El hecho es relevante, sin duda. “Es la operación más importante y trascendente del gobierno mexicano en la última década”, dice la voz mejor informada sobre estos temas.

Sin embargo, creo que valen las siguientes cinco reflexiones:

1. El tema de fondo no es el narcotráfico. De ser así, los grandes golpes en contra de las grandes organizaciones criminales (las caídas de El Chapo, El Mayo, etcétera) desde hace tiempo habrían tenido un severo impacto en la cantidad de droga que entra a Estados Unidos y en sus precios en las calles de aquel país. Y por lo que hasta ahora se sabe, eso no ha sucedido.

De ser Nemesio Oseguera Cervantes la mitad de poderoso de los que nos dijeron, en muy poco tiempo se generaría un severo problema social por el desabasto de fentanilo y otras substancias entre varios millones de adictos. ¿A unos meses de las elecciones?, lo dudo.

2. No hubo necesidad de “tropas especiales” de Estados Unidos. Por lo que sabemos, el operativo que llevó a la muerte del líder supremo del Cartel Jalisco Nueva Generación fue realizado, en su totalidad, por mexicanos. Fue una acción 100 por ciento nacional. En una de esas, los heroicos oficiales mexicanos tenían el nopal tatuado en la frente. Pero si reconocemos que el arma principal del crimen organizado no es la violencia que puede generar, sino el manto de impunidad y corrupción que lo protege, tendremos que aceptar que la caída del capo se enmarca en un contexto de presión casi sin precedente contra las autoridades de nuestro país.

3. No se trata de combatir el negocio de drogas, sino de controlarlo. Es muchísimo lo que nos enseña la historia en este sentido. Desde la condición patriótica de las mafias italianas durante la Segunda Guerra Mundial, la eterna lucha entre la CIA y la DEA por el manejo de la agenda, hasta casos muy concretos, como el del Cártel de Los Herrera (facción del Cártel de Sinaloa originario de Durango), que durante décadas proveía heroína al Medio Oeste de Estados Unidos sin mayores complicaciones, a partir del respeto de una regla básica: una vez en Chicago, la mercancía la distribuían las viejas mafias locales, nunca los duranguenses.

Otra de las grandes lecciones del pasado es la caída de Miguel Ángel Félix Gallardo, el primer gran capo del narcotráfico federalizado en México. A diferencia de este caso, el hecho fue producto de un arreglo con los super policías que debían perseguirlo, su captura, al inicio del sexenio de Carlos Salinas, abrió las puertas a la negociación del Tratado de Libre Comercio. En cualquier caso los efectos fueron los mismos: el capo nunca habló y el negocio simplemente se reorganizó.

4. El crimen organizado y el poder políticos casi siempre van de la mano. Sobre todo en un negocio que, dicen los militares de EU, controla una tercera parte de México. La conveniente muerte de El Mencho y sus lugartenientes más cercanos seguramente alterará el balance de fuerzas al interior de los grupos de poder –criminales, legales y financieros— involucrados en el tema. Considerando que estamos a pocos meses de El Mundial, resulta más o menos obvio que Guadalajara será uno de los puntos más calientes y de mayor riesgo de todo el continente.

5. De todos modos, Trump pedirá operativos para la televisión. Derrotado en su propio terreno –el golpe que le acaba de dar su Suprema Corte es inmenso--, el presidente Trump y los suyos seguirán insistiendo en que la “cooperación sin precedentes” con el gobierno de México debe producir videos tipo Venezuela, en los que sea evidente su enorme capacidad producir caos y muerte para, así, responder con hechos a la incógnita primaria, título de esta reflexión.


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