A estas alturas de la vida, creo que las únicas dos certezas que la “izquierda” garantiza son, una: que viene acompañada de la “derecha” y dos: que se trata de un simple asunto de perspectiva. “Tu izquierda o mi izquierda”.
Entiendo el origen de tan conveniente alineamiento político. Viene de aquel experimento maravilloso y terrible que fue la Revolución Francesa (1789-1799) y se refiere a qué lado del salón colocaban sus honorables posaderas los integrantes de la Asamblea Nacional. A la derecha, los partidarios del Ancien Régime y a la izquierda los Jacobinos, es decir, los fans de la Guillotine.
Pero ¿es la dinastía de los hermanos Castro –Fidel y Raúl--, nuestro modelo de izquierda? ¿Es el “sandinismo” de Daniel Ortega un proyecto de izquierda? ¿El chavismo al servicio de Trump es de izquierdas? ¿Lo son el trio Putin, Xi-Ping y Kim Jong-un? ¿Era Gadafi y su Libro Verde una propuesta democrática? ¿Quién era más de izquierdas, el Lula de "Operación “Lava Jato" o el Lula del “Hambre cero”.
Me pregunto ¿Para quienes fue la guillotina un símbolo de identidad de izquierda? ¿Fue el queridísimo Carlos Monsiváis un militante del Partido Comunista Mexicano? ¿En serio podemos pensar al Señor de Macuspana como un político de izquierdas?
Entiendo, eso sí, que las visiones maniqueas pueden ser excelentes tapaderas para personajes miserables de cualquier alineamiento o color. Después de todo, luego de hablar en nombre de dios, la mejor máscara política es encarnar la voz de El Pueblo.
De ninguna manera considero el falso dilema de las izquierdas y las derechas desde el cómodo nihilismo contemporáneo. De hecho, sigo creyendo que personajes como Milei, Bolsonaro, Erdogan y tantos otros neofascistas tan de moda en nuestros días representan un profundo retroceso político para el mundo. Pero sinceramente, entre el “Tío Richie” y “el niño Jesús”, mi opción es muy clara: ninguno de los dos.
Reconozco que en el negocio de la propaganda política es bastante útil reducir el universo a dos colores, el negro y el blanco. Comunismo y capitalismo. Buenos contra malos. Y la fórmula nunca falla, los héroes somos “nosotros” y los villanos “los otros”.
Me parecería ingenuo aspirar a que las cosas fueran diferentes justo en estos “tiempos interesantes” en los cuales los algoritmos gobiernan (burda excusa de la industria de la I.A.), los grandes barones de la tecnología controlan las principales narrativas y el presidente de la principal potencia militar y económica del planeta es un ególatra que desespera por desvelar la estatua de su figura de 3 metros de “oro puro” ( falso).
Creo que cuando Barak Obama insistía en la importancia de estar del “lado correcto de la historia” aludía a un pensamiento solidario e incluyente; “progresista”, a lo mejor. Un posicionamiento hoy más necesario que nunca. Aunque, sinceramente, pienso que es más un tema de valores que de ideologías.
Sin embargo, no puedo dejar de reconocer cierto asombro ante los niveles de descaro de buena parte de los protagonistas de nuestra vida pública.
¿Le creemos al “abogánster”? ¿Confiamos en el aprendiz de brujo de las mañaneras? No gracias. Ninguno de los dos.
¿Todavía les toleramos a los nuevos cuando aseguran “no somos iguales” a los de antes? Me parecen de pena esos personajes que invocan sus creencias de juventud, o el supuesto pedigrí para obtener y mantener poder y privilegios.
¿Se vale invocar a los santos y/o convocar a la inquisición para ocultar los pecados propios? Por favor no olvidemos que la corrupción, e incluso “la maldad”, pueden esconderse detrás de muchas máscaras. “Ser de izquierda”, es una de ellas.