Un año de pesadilla

  • Tiempos interesantes
  • César Romero

Ciudad de México /

Justo hace 365 días Donald Trump regresó a la Casa Blanca. Consecuencia y a la vez causa de un mundo enfermo, el personaje ciertamente encabeza una especie de revolución; o mejor dicho, una involución al más burdo imperialismo de los últimos dos siglos.

Como suele ocurrir con las pesadillas, parecería haber pasado mucho tiempo desde noviembre del 2024 cuando 70 millones de ciudadanos estadounidenses lo eligieron (¡por segunda vez!) como su presidente, pero fue apenas el 20 de enero de 2025 cuando volvió a asumir el cargo.

A sus casi 80 años de edad, el presidente de Estados Unidos es la estrella mayor de un espectáculo global en el cual la avaricia y el egoísmo son los valores supremos y la fuerza bruta el lenguaje dominante.

Tal cual los otros movimientos supremacistas, racistas y populistas que lo preceden, el “trumplismo” como expresión política y social es un fenómeno mayor a su propio liderazgo.

La tentación de reducir la política y la competencia económica a una descarada ley de la selva no es tampoco una novedad.

Desde su regreso al poder ha alentado profundas rupturas a la economía globalizada, cobijado el genocidio del estado de Israel contra del pueblo palestino, así como la continua destrucción rusa en Ucrania. En Venezuela logró utilizar la abrumadora superioridad militar de su país para ejecutar una especie de ataques relámpago, el cual aplaude como si fuera una hazaña histórica y no el comienzo de una nueva aventura imperial.

Como ocurrió con el nazismo y el fascismo del siglo pasado, los conflictos promovidos por la Administración Trump 2.0 podrían ser el prefacio de un nuevo escenario bélico mundial. Ojalá y no.

Quizás el lugar del mundo donde enfrenta un mayor rechazo social sea Estados Unidos. La saña de la feroz persecución de inmigrantes dentro de su propio país refleja una vuelta a la más burda xenofobia y así lo entiende la propia sociedad estadounidense. El asesinato, a manos de un agente del ICE de Renee Nicole Good, mujer blanca de 37 años y madre de tres niños pequeños en Minneapolis, bien podría ser un punto de quiebre en su narrativa de odio.

Atrapado en su propia espiral de violencia verbal, en lugar de reconocer el grave error, decidió lanzar una especie de declaración de guerra contra todo el estado de Minnesota: “THE DAY OF RETRIBUTION & RECKONING IS COMING!”, escribió poco antes de amenazar con el envío de más militares para combatir “lunáticos radicales, terroristas domésticos e insurrectos”.

Algo similar sucede con sus continuas explosiones verbales o sus acusaciones de “narcoterrorista” contra quién se le dé la gana. Dentro de su cabeza, aislacionismo e imperialismo son caras de la misma moneda.

Típico de él, con un lado de la boca llama al pueblo iraní a derrocar a los ayatolas, mientras que por el otro, usa al ICE como una especie de fuerza paramilitar contra sus “enemigos”, reales o imaginarios.

Vamos, ni siquiera dentro de Estados Unidos cuenta con el respaldo popular mayoritario a su ataque armado en contra de Venezuela, donde derrocó a un personaje impresentable, pactó con sus acólitos y no tuvo empacho en reconocer todo el show como el robo descarado de las mayores reservas petroleras del planeta.

Y aunque no hay mal que dure cien años, a Trump le quedan tres que bien podrían sentirse como una eternidad por los posibles efectos de sus erráticas acciones que repudian en los hechos, la retórica pro libertad y democracia utilizada por Estados Unidos durante buena parte del siglo pasado para conducir su política exterior.

En todo caso, en su condición de pesadilla, este momento histórico bien podría marcar el final definitivo del imperialismo yanqui.

En términos geoestratégicos, el gran hecho es que, a pesar de sus berrinches y desplantes, Trump no ha podido detener el avance de China como el gran motor económico del siglo XXI. Ni siquiera en América Latina, una región considerada por sus acólitos como su patio trasero.

Para México, en este último año el nombre del juego se llamó resistencia.

Por múltiples razones –la brutalidad inequidad entre ambas economías, nuestros propios problemas de violencia y corrupción--, suena ingenuo suponer un final cercano o fácil, para los siguientes 365 días.

Quizás sin invasión militar al estilo 1846-47 o intervenciones bélicas como las de la Revolución Mexicana, pero seguramente sí, con algunos operativos de película en contra de alguno malvado narcoterroristas del momento o, quizás, contra un nuevo “villano favorito” a modo.

Eso sí, no lo dude usted: serían acciones “conjuntas”, siempre comandadas por nuestros licenciados y policías 100% mexicanos pues, nuestra soberanía es… La Soberanía.


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