Muchas parejas, desde comienzos del maratón Guadalupe-Reyes, toman la decisión de concluir el matrimonio al finalizar la temporada navideña, por algo es popular la frase “Diciembre me gusto pa’ que te vayas”, escrita en el gran libro de expresiones nacionales como puntual epitafio de todo aquello de lo que es necesario prescindir en las vísperas de un nuevo ciclo de 365 días.
Hartazgo, desencanto, frustración, desilusión, falta de comprensión mutua, menor poder adquisitivo, no saber conciliar intereses, la enfermedad de alguno de los suegros y, llegado el caso, hasta divergencias de tipo político son detonantes que diezman la estructura de un matrimonio y ponen fin a una historia que en promedio dura entre 7 y 15 años en las parejas con hijos y a veces unos meses en las parejas sin hijos.
Al ser diciembre el último mes del año, psicológicamente se carga el ambiente de todo lo que ya no quieres en tu vida para empezar el siguiente año, por ello muchos dicen adiós a los vínculos que los atan y que inhiben su desarrollo personal como individuos.
Justo ayer escuché: “Yo lo que quiero es librarme de este alacrán…”. Curiosa frase, si vemos que viene de un hombre firmando su solicitud de divorcio, hastiado de quien fuera el amor de su vida, que por años en aras de la familia lo mantuvo atado a una serie de convencionalismos sociales que en diciembre lo hartaron precisamente por sus excesos: celebraciones, comilonas, bebidas, tarjetazos, uso y abuso del aguinaldo, visitas a veces tediosas con familiares, la verdad ni tan cercanos ni tan amados, pero que están en el inventario.
Cada uno de estos instantes se vuelven piedritas chiquitas, fáciles de cargar. El problema es cuando se juntan, alojándose en la conciencia y doliendo como si de los riñones se tratara.
Aunque existe la terapia de pareja, el poco interés por darle continuidad a un proyecto que caducó frente a la oportunidad de un reinicio que luce radiante cobra fuerza en la medida que cada uno de los cónyuges fortalece su voluntad por dar paso en esa otra dirección.
Atrás quedó el tiempo en que los divorciados eran segregados, condenados al ostracismo y estigmatizados, hoy en día muchos divorciados se concentran en su desarrollo profesional, viajan, tratan de nutrir la mente, retomar su camino como individuos y respirar libertad, saben que el tiempo es un recurso no renovable y por ello lo valoran.
¿Diciembre me gusto para que te vayas?, sí; pero eso no significa que te deje de ver para siempre, aunque claro que tampoco significa que quiera que te quedes.
Divorciarse no significa borrar de la faz de la Tierra a quien por mucho tiempo pensamos que sería el amor para toda la eternidad, sino romper un contrato civil para sacarle legalmente de nuestras vidas, sin rencores y bajo la mejor negociación en todos los sentidos: afectiva, legal y patrimonial. Nada más ni nada menos.
Abogada experta en divorcios exprés