La CEPAL vino a Tampico a hablar del futuro. El problema es que el sur de Tamaulipas todavía batalla para resolver el presente.
Nahuel Oddone, jefe de la Unidad de Comercio Exterior e Industria de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en México, aterrizó en la zona con un concepto que suena técnico, pero que en realidad retrata una de las grandes debilidades de los gobiernos mexicanos: la ausencia de gobernanza anticipatoria.
Traducido al lenguaje cotidiano, significa algo muy simple: dejar de gobernar apagando incendios y empezar a planear antes de que las crisis exploten.
Durante la “Reunión de Expertos: Capacidades para Fortalecer la Gobernanza Anticipatoria en México”, organizada por la CEPAL y El Colegio de Tamaulipas, funcionarios, académicos y especialistas discutieron cómo construir gobiernos capaces de prever riesgos, detectar tendencias y tomar decisiones de largo plazo.
La falta de gobernanza anticipatoria en la zona no nació con los actuales gobiernos municipales; es consecuencia de años de decisiones sexenales, obras inconclusas y planeación subordinada a los cambios políticos.
La crisis hídrica de 2024 exhibió con claridad la ausencia de planeación de largo plazo. Y mientras aumenta la demanda industrial de agua, crece la población y el cambio climático altera los ciclos de lluvia y la salinidad del sistema lagunario, el tema sigue sin abordarse estructuralmente. El futuro industrial exige certeza hídrica de largo plazo.
Gobernar solo en modo reacción genera costos sociales, económicos y políticos cada vez más insostenibles. Pero el agua no es el único síntoma. También están la movilidad colapsada, el crecimiento urbano desordenado, el rezago en infraestructura logística, entre otros temas.
Cada administración llega con su propia narrativa. Mientras tanto, los diagnósticos se acumulan y los proyectos raras veces sobreviven completos al siguiente cambio político.
Ahí está justamente el mensaje de la CEPAL, la gobernanza anticipatoria no consiste en adivinar el futuro, sino en construir instituciones capaces de sostener políticas más allá de los ciclos electorales.
No basta con elaborar escenarios de riesgo, el verdadero reto es que los gobiernos los tomen en serio y actúen antes de que la próxima crisis vuelva a alcanzarnos.