Dafne: el caso que duele a México

  • De buena fuente
  • Cristina Gómez

Tamaulipas /
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Los ojos de México sobre la Fiscalía de Tamaulipas. El caso Dafne ya no pertenece solo a Ciudad Madero ni al estado. La presión social convirtió la investigación en una prueba de credibilidad para la procuración de justicia.

La sociedad exige que la investigación alcance toda la cadena de responsabilidades. No detenerse en el primer eslabón.

La confianza en las instituciones se construye con investigaciones sólidas. Si la Fiscalía logra acreditar todas las responsabilidades que correspondan, enviará un mensaje de que nadie está por encima de la ley cuando se trata de proteger a niñas, niños y adolescentes.

Pero si la investigación se queda a medias, la percepción de impunidad terminará imponiéndose sobre cualquier discurso oficial.

Después de 34 años en el periodismo creí que lo había visto todo. Pero la muerte de Dafne me dejó sin palabras. Cualquier adjetivo parece insuficiente. Hablar de indignación, de horror o de tragedia se queda corto.

Una niña murió donde debía estar protegida. Eso, por sí solo, representa un fracaso monumental. No hay explicación administrativa ni discurso institucional que pueda borrar ese hecho.

Conforme se han conocido testimonios, videos y avances de las investigaciones, el caso resulta todavía más perturbador. Han salido a la luz historias sobre crueles castigos físicos, humillaciones y formas de disciplina extrema que rompen con cualquier concepto de educación o formación, porque ningún niño debería aprender a obedecer bajo el miedo.

Estremece el silencio que rodeó todo ello. Que tantos menores aparentemente hayan normalizado esas prácticas, o no las denunciaran, habla de algo mucho más profundo. Cuando un niño llega a creer que el maltrato forma parte de la disciplina, como sociedad ya llegamos demasiado tarde.

Lo sucedido exhibe el fracaso de una cadena completa de responsabilidades. Los padres pueden equivocarse al elegir una escuela. Pero quien no puede equivocarse es el sistema responsable de autorizar, supervisar y vigilar esos lugares que adquieren una responsabilidad absoluta sobre la vida e integridad de los menores.

No sembremos la próxima tragedia. Que la muerte de Dafne marque un antes y un después en la protección de la infancia en México.


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