El hogar que no protege

  • De buena fuente
  • Cristina Gómez

Tamaulipas /

El caso reciente en la Ciudad de México, donde una mujer fue privada de la vida por su suegra dentro de su propio hogar, no solo sacude por su crudeza; desmonta una de las ideas más repetidas y menos cuestionadas: que la casa es un espacio seguro. No lo es para muchas mujeres.

El discurso público siempre ha colocado el riesgo en la calle, en el desconocido, en lo externo. Pero la evidencia, y los hechos, apuntan en otra dirección: la violencia también se gesta en lo cotidiano, en relaciones cercanas, en vínculos familiares que, lejos de proteger, pueden deteriorarse sin que nadie intervenga a tiempo.

No se trata de episodios aislados, sino de fallas estructurales. Familias que operan sin redes de apoyo, conflictos que escalan sin mediación, entornos donde el silencio pesa más que la prevención. Cuando la violencia estalla, suele decirse que “nadie lo vio venir”. Pero lo que hay, en muchos casos, es ausencia de mecanismos para ver y actuar antes.

A esto se suma un componente incómodo: la salud mental. No como explicación simplista ni coartada, sino como un vacío institucional. La falta de atención oportuna, de diagnósticos accesibles y de acompañamiento en contextos de alta tensión no crea la violencia, pero sí puede agravarla. Y sin políticas públicas eficaces, ese vacío lo absorben las familias, muchas veces sin herramientas.

Insistir en que el hogar es, por definición, un espacio seguro, es peligroso, porque desplaza la atención de donde también debería estar. La violencia contra las mujeres no es un evento súbito; se configura en tensiones acumuladas, en entornos donde la intervención llega tarde o no llega.

Por otro lado, el caso de Reynosa, donde una mujer perdió la vida bajo extrema violencia, no busca equiparar circunstancias, sino evidenciar un patrón: la vulnerabilidad de las mujeres frente a agresiones que no siempre provienen del “afuera”. El riesgo puede instalarse donde menos se quiere ver.

Hablar de estos casos sin ir más allá del impacto inmediato es quedarse en la superficie. La discusión de fondo es qué tan preparadas están las instituciones para detectar señales, qué tan accesibles son las redes de apoyo y qué tanto se sigue relegando la prevención frente a la reacción.


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