Esa noche una pequeña preguntaba: “Papá, ¿a qué hora se para el tren?” Así se oía el Hilda en Tampico durante su impacto.
19 de septiembre de 1955. “La entrada del ciclón categoría 4 y la inundación, provocaron la destrucción de la ciudad”, recuerda el cronista de Tampico Marco Antonio Flores Torres.
El saldo: Más de 48 mil damnificados y una pérdida incalculable de vidas.
“Con el agua que baja por el Guayalejo del huracán Gladys, más el agua que viene acumulada del Janet en la cuenca del Pánuco, la inundación creció de manera impresionante”, recuerda el historiador.
En la Aduana el nivel del agua aumentó seis metros; sucia, con animales muertos, serpientes y troncos, pasaba a una velocidad de más de 100 kilómetros por hora.
Ricos y pobres se quedaron sin nada. Miles perdieron todas sus pertenencias.
Y lo más doloroso: mucha gente murió. Algunas familias vieron cómo el agua le arrancaba la vida a sus seres queridos; otras simplemente no volvieron a saber de ellos.
“En la plaza de la Libertad se veían pasar entre la corriente de agua árboles con gente amarrada a ellos y algunas personas trataban de lazarlos para salvar a quienes se aferraban a la vida. Solo una bebé pudo ser rescatada. Nuestra huasteca casi desapareció”.
El cronista comenta que en la playa Miramar hay una fosa común donde se arrojaron miles de muertos sin identificar.
“La gente empezó a sentir desamparo, no tenía ni ropa. Hasta que empezó a llegar la ayuda internacional; las filas en los centros de acopio eran de una manzana completa”.
Vino después la reconstrucción de la ciudad.
Marco Flores señala que desde tiempos prehispánicos, la ciudad fue construida en la parte alta, pero al paso del tiempo la costumbre de hacerlo en zonas bajas, a pesar de ser inundables, es algo que la naturaleza nunca perdona.
“Tampico había sido muy golpeado, primero por la expropiación petrolera y después porque durante la Segunda Guerra Mundial se cerró el puerto. Habíamos dejado de tener carnavales, había habido una depresión y llega el ciclón”.
Destaca que lo positivo del fenómeno es que finalmente destrabó la economía de la ciudad; Tampico pudo levantarse y mantenerse de pie, porque hubo cambios y transformaciones, pues las crisis son también para crecer.
“Si volviéramos a tener un fenómeno de esta naturaleza sería terrible. Ahora tenemos un problema mayor: la basura que tenemos enterrada en mantos freáticos y la que generamos, lo que aceleraría una inundación y la podría volver de mayores dimensiones”.
Es importante, dice, la planeación y la prevención, pues la naturaleza nos puede volver a destruir.
La naturaleza nos puede volver a destruir
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Cristina Gómez
Tampico /
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