Oriunda de Chiapas, Gloria Molina Gamboa quería ser arquitecta. Le gustaban el diseño, el dibujo y los números. Siempre ha sido muy buena para las matemáticas. Estudió medicina a petición de su madre, quien trabajó para sacar adelante a sus hijos.
Después encontraría su verdadera vocación en la epidemiología, donde aquellos números que tanto le gustaban terminaron mezclándose con la medicina.
Esa combinación la llevaría, muchos años después, a enfrentar uno de los episodios más difíciles de su vida: una pandemia.
Cuando la entrevisté en aquellos días, hablaba de trabajar 20 horas diarias, de lunes a lunes. Hablaba de tensión, de estrés y de la responsabilidad de tomar decisiones sobre la salud de los tamaulipecos frente a una enfermedad que nadie conocía completamente.
Pero había algo que le dolía mucho más que el cansancio: La muerte. La muerte de familias enteras.
Vio historias de hijos que contagiaban a sus padres, a sus hermanos; familias en las que morían sus integrantes y después ya no había ni quién recibiera las cenizas. “Es durísimo lidiar con la muerte”, decía.
La pandemia terminó. Ella dejó la Secretaría de Salud. El gobierno cambió. Y el tiempo parecía haber cerrado aquella etapa. Pero no. Y ahora la batalla es otra.
La exsecretaria aparece en investigaciones sobre contratos celebrados en la administración de Francisco García Cabeza de Vaca. Y esta semana rompió el silencio para aclarar públicamente que quien asignó los contratos a los hermanos Carmona fue su jefe, el entonces gobernador.
Pide investigar a toda la cadena de mando.
Recuerdo que, ella misma, cuando hablaba de su vida, decía que lo más importante era poder mirarse al espejo, sentirse satisfecha y dormir en paz. Una hora, decía, pero en paz.
Ya no hay un virus desconocido. Ni hospitales saturados. Ni curvas epidemiológicas. Ahora hay expedientes, contratos, señalamientos y responsabilidades que deberán establecerse conforme avance el proceso.
En aquella entrevista me dijo: “Mi familia es de origen humilde. No le he quitado a nadie nada, todo lo que tengo es mío y hago lo mejor que puedo por los demás”.
Gloria Molina ya no enfrenta una pandemia, sino a su propio pasado. Quizá la batalla más difícil que le ha tocado vivir después del coronavirus.