Tamaulipas y el gusano barrenador

  • De buena fuente
  • Cristina Gómez

Tamaulipas /

El cierre de la frontera norte a la exportación de ganado en pie no fue un simple ajuste sanitario: fue un golpe directo al bolsillo de la ganadería mexicana. Más de 700 millones de dólares en pérdidas, un millón de becerros varados y miles de productores, en su mayoría pequeños y medianos, obligados a reinventarse.

Vuelve a escena la fragilidad de un modelo que depende de decisiones externas y de una frontera que se abre y se cierra con criterios que no siempre parecen técnicos. El regreso del gusano barrenador, erradicado hace más de tres décadas, expuso esa vulnerabilidad.

La plaga avanzó desde el sureste y terminó por alcanzar a Tamaulipas, uno de los estados clave para la exportación. Mientras Sonora o Chihuahua pueden argumentar ausencia del parásito y empujar la reapertura, Tamaulipas enfrenta el escenario más complejo: contener, erradicar y, al mismo tiempo, sostener a su base productiva.

En medio del cierre, el mercado interno ha sido el salvavidas, de acuerdo con lo que nos comentaba en una entrevista exclusiva para MILENIO el presidente de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG) Homero García de la Llata.

Los precios del ganado y de la carne en México alcanzan niveles históricos, el alimento bajó de precio y el millón de cabezas que no cruzó la frontera terminará convertido en oferta nacional. No hay desabasto a la vista. Sin embargo, no es una solución estructural, sino un ajuste forzado. No es una estrategia, es una reacción.

¿El gusano es un argumento sanitario legítimo o una barrera comercial conveniente? Estados Unidos enfrenta su propia escasez de ganado, depende de más de un millón de becerros mexicanos cada año, y sus engordas, especialmente en Texas, también resienten el cierre. Aun así, endurece condiciones.

El sector ganadero reconoce errores y aciertos, pero la lección va más allá del gremio. Sin inversión pública suficiente y sin una política sanitaria preventiva sostenida, no se va a resolver la crisis.

La discusión ya no es sólo cuándo se reabrirá la frontera en 2026, sino si México está dispuesto a dejar de reaccionar tarde y empezar a blindar, de verdad, una de sus actividades productivas estratégicas.

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