El reciente análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) deja una reflexión: el valor de las instituciones que trascienden gobiernos. Contrasta el modelo del corredor industrial del sur de Tamaulipas con otras regiones del estado donde todavía prevalecen esfuerzos aislados y donde la cooperación público-privada aún no alcanza el mismo nivel de madurez.
Destaca algo difícil de construir. Una institución capaz de sentar en la misma mesa a empresas competidoras, autoridades de los tres niveles de gobierno, universidades y organizaciones civiles para resolver problemas comunes.
El estudio identifica a la Asociación de Industriales del Sur de Tamaulipas (Aistac) como el principal articulador del ecosistema industrial de la región. No porque represente a las empresas más grandes, sino porque ha construido mecanismos permanentes de coordinación para enfrentar crisis hídricas, fenómenos meteorológicos, problemas de infraestructura, seguridad, energía y protección civil.
Nahuel Oddone de la Cepal encuentra que los mayores avances económicos del estado surgieron de la cooperación. No es casualidad que el corredor industrial del sur concentre cerca del 40% del PIB estatal. Detrás de esa fortaleza hay décadas de confianza construida entre actores que entendieron que competir en los mercados internacionales no les impedía colaborar cuando estaba en juego el futuro de la región.
La Cepal reconoce el éxito del modelo del sur, pero a la vez advierte que Tamaulipas sigue siendo uno de los estados más rezagados en institucionalización de clústeres. Existe un caso exitoso, pero todavía falta replicarlo en el resto del territorio.
Quizá esa sea la verdadera tarea del gobierno. No inaugurar más mesas de trabajo, sino construir instituciones que sobrevivan a los cambios de administración. Las inversiones llegan y se van. Los gobiernos también. Lo que permanece son las reglas de cooperación que una región logra consolidar.
Al final, la mayor enseñanza del estudio no tiene que ver con la petroquímica sino con la política. Concluye que el desarrollo no depende únicamente del dinero o de las ventajas geográficas. Depende, sobre todo, de la capacidad de los actores para ponerse de acuerdo y mantener esos acuerdos en el tiempo.