Tampico, Madero y Altamira con sequía apocalíptica

  • De buena fuente
  • Cristina Gómez

Tamaulipas /

Tampico, Madero y Altamira viven hoy una crisis; no es la primera ni la última, pero sí una de las más difíciles pues se trata de una lucha donde la naturaleza nos viene a mostrar uno de sus peores rostros.

Solo refleja su enfado. Se le faltó tanto al respeto que nos ha dejado sin el recurso esencial para la vida del ser humano: el agua.

Es triste. Éramos una zona rica en este recurso natural, con un sistema lagunario que debimos cuidar en vez de maltratarlo, porque como población fuimos contribuyendo a su saqueo y deterioro.

Nunca como ahora, nos hizo sentido que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”, y de qué manera lo estamos entendiendo.

Hoy tal vez no es momento de buscar culpables pero todos lo somos, unos más, otros menos. De lo que se trata es de encontrar soluciones.

Históricamente los gobiernos no previeron y se desentendieron, pero como ciudadanos lo vimos y no exigimos.

Ahora, literal, no hay modo de lavarnos las manos; fue una omisión generalizada.

Hubo voces que advirtieron pero los tachaban de fantasiosos, por no decir que de locos. Ambientalistas gritaron en el desierto, otros se hicieron funcionarios públicos y fueron parte de la inacción oficial. Pero la factura nos la cobran parejo.

La zona sabe de momentos de crisis y ha logrado salir fortalecida después de sucesos complejos.

Si no será resiliente el sur, que se recuperó de un mortal huracán Hilda hace 69 años.

Si le dio la vuelta a la crisis de inseguridad durante la época más negra de la violencia y hoy es de las ciudades más seguras.

Si se sobrepuso a una pandemia que fue todavía más terrorífica porque a punta de muertes nos recordó la fragilidad de la vida.

Actualmente se está secando el único vaso abastecedor de agua potable para cerca de 900 mil habitantes y quien quiera minimizarlo se está equivocando.

Porque si no ha llovido en ocho años, ¿qué nos garantiza que ahora sí las precipitaciones pluviales se dejarán caer como nunca sobre los causales vacíos?

¿Cuánto ayuda un trasvase de un mes desde El Mante y un freno a la extracción ilegal en el Guayalejo? La apuesta principal son las lluvias, solo queda rezar a Dios o ir pensando en la desalinizadora.

Esperamos salir de este momento apocalíptico.


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