Las Huellas del encanto futbolero

  • Sobre la mesa
  • Daniel González Romero

Jalisco /
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El campeonato mundial de futbol del 2026 sigue adelante. La Selección de México perdió ante Inglaterra y fue eliminada. Percibimos que el evento mundialista nos duró poco. Sin embargo, más allá del elitismo y la exclusión que lo enclaustró, gracias a un grupo de jóvenes y entrenadores que hicieron su trabajo, en ese poco los habitantes de este país tuvimos una explosión de optimismo.

Se perdió, sin embargo, podemos asumir que algo se ganó, ya que por días y horas se manifestó que somos capaces de unirnos en algo que concierne a los deseos de todos. Ojalá fuese así en la lucha social, por vivir mejor y sin indignas desigualdades. Pero entre el torbellino que vivimos, la realidad provoca entrever las huellas de los escenarios y coreografías del espectáculo propagado por los medios electrónicos. Mirar hacia su evidente mercantilización. Así, todo nos lleva a reflexionar sobre aquello de que en ocasiones nada es tan oscuro como lo que se ve.

La trasnacional-sociedad-empresa conocida como FIFA, organizadora de dicho evento mundial, recién anunció sus millonarias ganancias, que advierte no perder de vista el gran negocio en que se ha convertido el futbol (al igual otros deportes), convertido en espectáculo de foro romano (con el respeto que merecen los jugadores), dirigido por una elite empresarial, con oficinas centrales en el extranjero, entre cuyas tuberías se filtran intereses de toda clase, económicos, políticos y otros de índole desconocida.

Es una corporación que ha construido una plataforma de poder que le permite negociar con gobiernos y sectores privados lo conveniente a sus intereses particulares, sin importar la realidad que viven a diario millones de personas en el mundo; ejemplo reciente, para asistir a los estadios a presenciar alguno de los partidos por el desproporcionado costo de los boletos (¿eso empujó a las autoridades locales a colocar pantallas en espacios públicos, untadas de populismo musical, para prever manifestaciones y protestas públicas?).

La FIFA es además actor-gestor político cuya influencia le ha llevado a estar presente en foros de diversa índole. Vale recordar en esto el lamentable papel del señor Infantino entregando dudoso honor a un personaje de incierta calidad humana y la intervención del receptor del reconocimiento, Trump, en favor de su equipo nacional. Además, señalada con evidencias, de realizar y permitir la exclusión racial y otras formas sospechosas de corrupción y de parcialidad a una selección y un jugador.


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