Malas palabras

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  • Daniela Mendoza Luna

Ciudad de México /

Hace ya algunos años, Consulta Mitofsky realizó una encuesta sobre el uso de las groserías o malas palabras, que arrojó que más de mil 350 millones de maldiciones por día se dicen en México. Según la muestra, el promedio es de 20 palabrotas diarias, y los norteños son los que se consideran más maldicientos.

Este lunes un legislador del PRI presenta una iniciativa de reforma para restringir las maldiciones por parte de los servidores públicos; la propuesta se deriva de un acto público en el que el gobernador Jaime Rodríguez Calderón se refirió a algunos maestros como "huevones" y también utilizó expresiones como "en chinga".

Al diputado le parece preocupante, según lo que dice en su propuesta; señala que da una mala imagen y no propicia el respeto.

Presenta argumentos muy bien estructurados y busca que el Consejo Estatal de Valores sea el encargado de promover el buen uso del lenguaje, y el Ejecutivo, como su presidente honorario, quien "deberá poner el ejemplo en el comportamiento del uso del lenguaje", lo cual sería el equivalente a poner al zorro a cuidar a las ovejas.

Además, la única sanción existente es una amonestación por parte de un Consejo que, si bien va la cosa, sesiona una vez al año.

Como era de esperarse, el gobernador respondió que él no iba a cambiar y aprovechó para recordarles a los diputados que tienen mucho trabajo pendiente como para también estar metiéndose en estos temas.

En otras palabras, quizá no las más correctas, diríamos que el legislador se puso de pechito para que El Bronco le diera una coz.

Al igual que el diputado, habrá muchas personas que consideren que no está bien que el Ejecutivo utilice este tipo de lenguaje en público; la pregunta es si es necesario modificar el marco normativo para ello.

El otro cuestionamiento es sobre el cómo usarlas, la misma encuesta de Mitofsky revela que su uso suele estar restringido al entorno de las amistades y de la familia; de hecho, dice que la presencia de las autoridades o los jefes inhibe el decir groserías.

Pero ¿qué hacer cuando las autoridades son quienes las usan?, para referirse a otros; un maestro, un reportero o un diputado, sobre todo cuando sabe, que nadie, absolutamente nadie se va a dirigir a él en los mismos términos.

@dameluna

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