Bracho, el silencio y una madrugada en Guadalajara

Jalisco /

No hay una sola palabra en “Breve mascarada”. Y sin embargo, dice mucho.

El cortometraje dirigido por Julio Bracho —sí, de esos Bracho, los del linaje sagrado del cine mexicano— acaba de ganar el Primer Premio en la Sección de Cine Mudo del Sibilla Film Festival 2026 en Almada, Portugal.

El galardón, que incluye 200 euros, se lo entregaron entre el festival, el Centro Dante Lisboa y el ayuntamiento de la ciudad. Pero el premio de verdad es otro: demostrar que el cine silencioso sigue pegando donde menos lo esperas.

“Breve mascarada” presenta a Napo, un payaso que ya no se ríe. Su amiga Togo lo jala a ver una obra de teatro, y ahí el hombre se obsesiona con una máscara. Decide robarla. Y entonces todo surge el caos (con elegancia, eso sí).

El guion es de Sebastián M. Finck, la música original de Ángel Herrera —porque callados están, pero no sordos— y en el reparto brilla María Aura.

Pero ojo al dato: el ojo que mira

Detrás de la cámara está Carlos Hidalgo, cinefotógrafo de lujo. Y no es cualquier cosa: Hidalgo es ganador del Ariel a Mejor Fotografía por El fantástico mundo de Juan Orol . Sí, el tipo que ilumina silencios en este corto ya tiene en su vitrina el máximo galardón del cine mexicano. Y no es coproductor nada más —también es el que le pone la mirada a esta historia muda. Así nomás.

No es su primer aplauso. El corto ya había pasado por el FICM 2025 y recibido una Mención Honorífica en el Hollywood Shorts Fest. Pero lo de Portugal sabe distinto: es un premio al silencio como territorio, a la máscara como espejo.

Y hablando de andar de un lado a otro, Bracho no para. El fin de semana pasado se plantó en Guadalajara para presentar “Breve mascarada” ante los tapatíos. La función fue en Santa Teresita Centro, un espacio con vocación de confesionario, porque lo que siguió fue pura catarsis colectiva: una sesión de preguntas y respuestas que se extendió hasta la madrugada.

Cuentan que nadie quería irse. Que el público se quedó pegado a la butaca, con la máscara puesta (metafóricamente, aunque quién sabe), y Bracho respondiendo cada cosa como si fuera la primera vez que le preguntan. El cine mudo, irónicamente, generó una de las conversaciones más largas y ruidosas del año en Guadalajara. Así de paradójico es esto.

Julio Bracho, hijo de Diana Bracho y nieto del mítico director de la Época de Oro, sigue construyendo su propio camino. Y lo hace sin gritar. Literal.

Ahí está la lección: a veces, para hacer ruido, hay que aprender a callarse.


  • Daniela Nuño
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