Como en el cine, México ya no es comparsa en el futbol

Jalisco /
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España acaba de sellar su pase a la final con un triunfo que no fue casualidad: otra remontada, otro gol en los instantes finales, otra muestra de que ese equipo nunca se rinde.

Y es que los cuartos de final del Mundial nos dejaron un cuadro de semifinales que es, también, un mapa del poder cultural: Francia, España, Inglaterra, Argentina.

Cuatro países que no solo dominan la pelota, sino también la pantalla grande. Cada uno con su sello, su escuela, su manera de contar historias. Y en medio de ese tablero de gigantes, México ha ido ganando terreno en ambos mundos. Sin estridencias, pero con hechos.

*El cine de las potencias, reflejado en la cancha*

Francia es el blockbuster de autor. Como su cine de prestigio que arrasa en taquilla local y festivales, su selección impone con físico y estrellas. Mbappé es su Jean Reno: velocidad, espectáculo y garantía de éxito. En la pantalla, franceses como Audiard demuestran que se puede ser popular y profundo al mismo tiempo.

España encarna el cine de resistencia. No hay que explicarles a los españoles lo que es remar contra corriente: su industria cinematográfica es la mayor de Europa con 423 películas en 2025, compitiendo contra el dominio de Hollywood. La selección es igual: encuentra el gol en el último suspiro como encuentra financiamiento y público. Su fútbol de toque es su sello de identidad, como el de Almodóvar o Bayona: inconfundible. Por algo llegaron a la final.

Inglaterra es la gran superproducción global. Su industria —junto a la de Estados Unidos— marca las reglas del juego. Su selección impone físico y jerarquía, con Bellingham como el nuevo héroe de franquicia. Es el cine que llena estadios y salas, pero que a veces peca de predecible.

Argentina es el cine de autor con alma popular. Como su cine reconocido en festivales, la selección vive del oficio, la garra y la emoción. No siempre es bello, pero siempre es auténtico. Es el cine de Darín o Martel: te atrapa sin efectos especiales.

*México: de aprendiz a socio*

Aquí está la diferencia. Hace veinte años, México era un comparsa en el cine global y un prometedor en el futbol. Hoy, la historia cambió en ambos frentes.

En el cine, México ya no pide permiso. Este 2026 es prueba de ello: Guillermo del Toro acumula nueve nominaciones al Óscar con Frankenstein. El sonidista José Antonio García va por su tercera estatuilla. Nombres mexicanos aparecen en los créditos de Avatar: Fire & Ash y en los festivales más exigentes del mundo. Berlín, Málaga, Seattle: nuestras películas ganan premios y, más importante, generan industria.

Pero el salto cualitativo va más allá de los reflectores. México es hoy el séptimo productor de cine en Iberoamérica. El FOCINE y el EFICINE han sostenido una generación de creadores que ya no ven a Hollywood como la única meta. Festivales como el FICG son plataformas de lanzamiento para todo el continente. Y las coproducciones con España, Argentina y Colombia han consolidado un ecosistema donde hacer cine en México es un proyecto de largo aliento, no un milagro.

En el futbol, el cambio es más silencioso pero igual de real. Ya no somos el "equipo del quinto partido" con resignación. Esta Selección llegó a cuartos de final —y los perdió en penales contra Alemania— no por suerte, sino por una estructura que comienza a dar frutos. Jugadores como Santi Giménez o Edson Álvarez ya no piden permiso en Europa: se instalan. La Liga MX, pese a sus problemas, sigue siendo semillero de talento que compite en las mejores ligas del mundo.

El salto no es anecdótico. Por primera vez, México tiene un proyecto deportivo con continuidad —más allá de los vaivenes directivos— y una generación que creció viendo a Rafa Márquez y Hugo Sánchez como referentes, no como excepción. El futbol mexicano sigue sin ser potencia, pero ha dejado de ser aspirante para convertirse en actor con peso.

*La lección que el futbol le debe al cine*

El cine mexicano entendió algo que el futbol apenas comienza a comprender: la consistencia no es casualidad. Detrás de cada nominación al Óscar hay años de formación en el CCC, de apoyos públicos y privados, de festivales que conectan talento con oportunidades. No es un destello: es una política de Estado cultural.

El futbol mexicano necesita esa misma mirada. No más ocurrencias de último minuto, no más técnicos extranjeros como parches. Se necesita estructura, formación, inversión sostenida y, sobre todo, atreverse a jugar sin miedo. El cine ya demostró que el talento mexicano puede competir con los mejores cuando se le dan las herramientas.

Y hay señales alentadoras: las fuerzas básicas mejoran, los jugadores emigran más preparados y la afición —como el público de cine— exige calidad, no sólo resultado.

*El veredicto*

Francia, España, Inglaterra y Argentina son lo que son porque construyeron décadas de identidad. España ya está en la final, y no es casualidad: es la constancia de un estilo que late desde la cantera hasta el último minuto del partido.

México, en el cine, ya recorrió ese camino. En el futbol, va por la misma ruta, aunque con retraso. Mientras las potencias se juegan el título, México ya ganó en otra cancha: la de la constancia y el buen hacer. Porque si de calidad se trata, el cine mexicano ya no le pide permiso a nadie. Y el futbol —lento pero firme— empieza a entender que el prestigio no se compra: se manufactura con trabajo, con apoyos y con la valentía de jugar sin complejos.

El próximo Mundial, quizás, el símil sea perfecto. Pero hoy, el cine ya nos dio la ventaja. Ojalá la Selección tome nota


  • Daniela Nuño
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