En esta época, los carnavales de Jalisco merecen su propia película

Jalisco /

El carnaval en Jalisco no es solo una fiesta. Es un largometraje colectivo donde cada pueblo dirige su propio episodio de alegría, tradición y resistencia cultural. Si los carnavales fueran películas —y en cierto modo lo son—, los de Jalisco formarían una saga épica filmada no en estudios de Hollywood, sino en plazas de pueblos, entre fachadas de cantera y al ritmo de bandas y mariachis.

Son producciones con más de 150 años de antigüedad, donde el elenco lo forman miles de habitantes y el final feliz se repite cada mes de febrero.

El primer acto se desarrolla en Autlán, el "carnaval más antiguo" del estado. Aquí la cinta sería un drama histórico, con guiños taurinos, del 8 al 17 de febrero, el carnaval de Autlán ofrece un programa lleno de actividades taurinas y artísticas para el disfrute de todos.

La secuencia del "Toro de Once" es una escena digna de un western mexicano: el mediodía, el polvo levantándose, la tensión y la fiesta fusionándose en un ritual que es puro espectáculo vivo. No es de extrañar que de este municipio saliera Carlos Santana, el carnaval autlense, como su música, tiene un groove ancestral que se siente en los huesos.

El segundo acto traslada la acción a Jalostotitlán. Este es el "blockbuster" de la temporada, la superproducción con todo el presupuesto en efectos especiales –aunque los efectos sean de pura emoción—.

El Carnaval Jalostotitlán 2026 se llevará a cabo del 7 al 17 de febrero. Las terrazas del centro, repletas de música, son platós naturales. La plaza de toros "Armillita" es el set principal. Si Autlán es una película de autor, Jalos es un taquillazo: multitudinario, vibrante, imposible de ignorar.

Pero el verdadero protagonista de esta saga está en su esencia. El carnaval es, en el fondo, el gran "corte" antes de entrar al riguroso montaje de la Cuaresma. Es la última toma desenfadada, la escena de fiesta final antes del drama introspectivo. Es el momento en que, siguiendo un guión escrito hace siglos por la tradición católica y reinterpretado con acento mexicano, un pueblo entero decide "enterrar el mal humor" —como literalmente se hace en Ameca— para dar paso a la celebración.

¿Y qué sería de una buena película sin sus escenas icónicas?

En Sayula, del 11 al 22 de febrero, encontramos el concierto o la comedia familiar; en Chapala, arranca el 7 de febrero, como cinta de drama romántico con el lago de fondo; y en los pueblos más pequeños, el cine independiente, puro y lleno de corazón. Cada municipio aporta un género distinto, pero todos comparten la misma productora: la identidad jalisciense.

El peligro, como en cualquier secuela, es que el exceso de modernización diluya la trama original. Cuando los conciertos masivos opacan a las fiestas tradicionales, o cuando lo foráneo desplaza a lo propio, la historia pierde autenticidad. El reto para los directores de esta película —es decir, para las comunidades— es mantener un equilibrio entre la evolución y la esencia.

Al final, los créditos nunca terminan de rodar. Porque esta película no tiene un final, se reinventa cada año, con nuevos extras, pero con los mismos protagonistas. Es un filme que no se proyecta en salas de cine, pero cuya banda sonora —el estruendo de las bandas, las risas, los cohetes— resuena en la memoria colectiva.

En febrero, cuando el cartel anuncie una nueva temporada de carnavales, recuerda que no estás leyendo una simple programación de fiestas. Estás leyendo la cartelera de la película más larga y fascinante de Jalisco.


  • Daniela Nuño
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