Justicia podrida, ¡las niñas y los niños no se tocan!

  • Columna de Daniela Pacheco
  • Daniela Pacheco

Ciudad de México /

Que no se nos olvide el nombre del juez Manuel Alejandro Martínez Vitela que absolvió a un acusado de abusar sexualmente de su sobrina de cuatro años porque la menor no recordaba la dirección y el horario exactos relacionados con el brutal hecho. Sin embargo, esto es solo una aberrante muestra, un síntoma de la violencia institucional, de la podredumbre del sistema judicial mexicano.

Segun datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México es el primer país del mundo en abuso sexual de menores, y de esas violaciones el 90% perpetrado contra las niñas se produce en el interior de los hogares y en el entorno familiar, espacios donde las menores deberían permanecer seguras.

El mismo Poder Judicial del Estado de México defendió la decisión del magistrado a través de un comunicado, argumentando que "no existieron medios u órganos de prueba que permitieran reconstruir cada uno de los hechos y circunstancias aseveradas". Esto pese a que en la audiencia Martinez Vitela se contradice en su propia argumentación, acepta que le cree a la menor y parece que dará lugar a un fallo favorable para la víctima.

En el video difundido ampliamente por varios medios de comunicación y en redes sociales se ve cómo dicho juez dicta la absolución del acusado. La madre de la niña, Victoria Figueiras, le dice: “Usted vio a mi hija, ¿no le creyó?”. El magistrado contesta: “Desde luego que le creí, en el tema del tocamiento. Su hija jamás mencionó el tema del lugar, el día, el horario”.

Sin embargo, bajo lo que parece una excusa o una torpeza procedimental —que más tiene visos de una clara intencionalidad, de complicidad— se abocó a proteger a un abusador y no a la víctima, que además es una menor de edad; los peritajes y los elementos correspondientes de la investigación arrojaron evidencia de la existencia del abuso.

El Poder Judicial ha explicado que la sentencia no es firme y que la madre podrá recurrir la sentencia. Nuevamente, desde el adultismo y sin ninguna perspectiva de derechos de la niñez, es la menor, quien debe ser revictimizada y someterse nuevamente a un proceso tortuoso por la ineptitud, la falta de empatía y la descomposición del sistema que debería otorgarle en alguna medida, su derecho a la justicia y a la reparación. El interés superior de las infancias debe garantizarse a toda costa.

¿Cuántos casos que no se vuelven mediáticos pierden la capacidad de obtener algo de justicia para las víctimas? Parece que hacerse viral en redes sociales o bloquear Periférico en la Ciudad de México son las únicas opciones para ser visto o vista y al menos que dichos casos sean valorados, porque ni siquiera eso es una garantía. O en la otra orilla: conocer o ser amigo de alguien, pagarle al juez o apellidarse Lozoya para vivir millonario o al menos cómodo o cómoda en la impunidad.

¡Qué responda Manuel Alejandro Martínez Vitela! ¡Que pague el abusador! ¡Qué responda el Poder Judicial! ¡Las niñas no se tocan! ¡Los niños no se tocan! ¡No se violan, no se matan!


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