Este domingo 8 de marzo, Pachuca volverá a latir con pasos femeninos, pancartas y consignas. La convocatoria lector mío ya trae agenda y hora, desde las 11 am empezarán las actividades culturales, los típicos espacios de denuncia, y su marcha que según dicen arrancará alrededor de las 2 de la tarde, ahí familiares de víctimas, madres, niñas y toda fémina que quiera sumarse tendrá su espacio para caminar.
Pero la pregunta incómoda de siempre ha sido: ¿Qué tanto cambia la vida de las mujeres justo al día siguiente, el lunes 9? Y la cruda realidad es que la respuesta sigue siendo: casi nada.
Nuestro gobierno a fuerza de errores del pasado, ya anunció un operativo con presencia (obvio) de policías mujeres, confirmando vallas metálicas para proteger Palacio de Gobierno y el Reloj Monumental. Se lee bien ¿verdad? Gastar para cuidar la piedra, pero el daño real a la mujer aún sigue, datos de nuestras tierras dicen que hay casi 600 carpetas levantadas por violencia familiar y en el 2025 se reportaron 14 carpetas por feminicidio en la procuraduría del estado, es decir, el dato alarma.
Nos debe quedar claro que el impacto del 8M no se debe medir por la cantidad de patrullas de color “violeta” que anden circulando, sino por la velocidad con lo que la justicia deja de ser un trámite engorroso para las mujeres, porque aunque nos duela, hay un dato que es duro, a un año de los hechos del 8M 2025 en Plaza Juárez y todo lo que se acordó a partir de ahí, varias organizaciones de mujeres, siguen señalando falta de avances y opacidad en las investigaciones sobre los abusos ocurridos.
El 8M importa porque aún sigue empujando a conversaciones que muchos no quieren tener, importa porque obliga a nuestro gobierno, a nuestros partidos y fiscalías a escuchar aunque sea a regañadientes, importa porque aunque muchas sigan callando en casa, miles mas salena gritar.
No podemos dejar que esta conmemoración se quede solo en un ritual anual y se vuelva un eco estéril, se debe traducir en más presupuesto, en protocolos claros, en sanciones reales al abuso y atención efectiva a víctimas para que se convierta realmente en una brújula.
Lo peor que le puede pasar a la marcha del domingo, es recibir la indiferencia pública.