Agua que no has de beber...

  • Déjame te pregunto
  • David Aarón Cárdenas

Ciudad de México /

Este famoso refrán significa que cuando un tema no es de nuestra incumbencia, lo mejor es no involucrarse, no meterse ahí y que el agua siga su curso natural, que vaya a donde tenga que ir.

Pero ya en la práctica real, hablando de este preciado líquido, debería ser todo  menos eso, la escasez de agua potable en nuestro estado y sobre todo en su capital y zona conurbada viene de década atrás, y de a poco se ha venido recrudeciendo con el tiempo.

Las razones, aunque digan que son muchas, las concentro en tres grandes: la primera es nuestra cercanía a una de las megalópolis más grandes del mundo, la Ciudad de México y su descomunal necesidad de agua para los millones de habitantes que tiene, lo que provoca que mantos acuíferos de por acá, sí sean explotados, pero para llevarse el líquido hacia ese lugar.

La segunda es la manipulación por parte de la población de las válvulas del sistema hidráulico y por supuesto, el robo a través de las tomas clandestinas que está presente a diario en los barrios y colonias de la ciudad.

Por ultimo y quizá lo más importante, es la falta grave de cultura del cuidado del agua, la desperdiciamos, la desechamos, la “dejamos correr”, provocando que “per cápita” estemos consumiendo más que incluso países con desarrollos superiores al nuestro.

El asunto es que cuando mezclamos estos elementos, se crea una fórmula perfecta para generar la incomodidad del ciudadano, al grado de llevarlo a bloquear las avenidas principales de Pachuca, justo como ha pasado de manera reciente. Exigir está bien, es un servicio por el cual pagamos, pero debemos reconocer que también nosotros somos parte del problema, no hemos dimensionado que este es un bien perecedero, si no la cuidamos como debe de ser, tarde que temprano la escasez será aún mayor. El agua es indispensable para la vida, sin ella los problemas de salud se agravarían y podrían tener dimensiones preocupantes, está bien quéjese, pero también tenga la decencia de cuidarla. 

David Aarón Cárdenas

dacc_cardenas@yahoo.com.mx


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