Aunque tiene ya días el hecho lector mío, no puedo dejar pasar el tema. Y es que en una ciudad que al dia de hoy vive con un tráfico denso, accidentes automovilisticos por doquier y una cultura vial que no existe, el caso de la detención de Efraín Pedraza ex coordinador de campaña de la senadora Simey Olvera que incluso fue nota nacional, no es un simple chisme político: es un síntoma.
Un síntoma incómodo de una vieja enfermedad que se resiste a desaparecer en la vída pública de nuestro Hidalgo, y es esa idea de que el poder, o la cercanía con él, concede licencias invisibles; los hechos fueron claros, una persona involucrada en la estructura política del partido en el poder fue detenido el un filtro del alcoholímetro por conducir en estado de ebridad.
No es tema mayor en términos de que se ejecutó lo que se tenia que hacer, la detención de la persona, el problema fue la actitud del señor en cuestión, prepotente y amenazante ante la autoridad, con la frase: “Soy el perro de la senadora y si Simey es gobernadora te voy a correr”, dejó ver lo de siempre: que aquellos que están en la política, actúan con el lema de “a mi no me va a pasar nada”.
Hoy en día donde el flujo de información es casi instantáneo, lo sucedido va más allá del individuo, ya que cuando un actor político incurre en una falta de este tipo, se envía el mensaje de quela ley puede ser negociable, que la responsabilidad es selectiva y que cuidar las formas es opcional. Según el Latinobarómetro 7 de cada 10 personas consideran que la impunidad es uno de los principales problemas nacionales y estos episodios alimentan el cinismo y erosionan la confianza del electorado.
Lo bueno, fue la actiud de la autoridad, firme y aplicando la ley como debe de ser, pero el daño político si fue hecho, en política los vínculos pesan y un episodio de este tipo es munición pura para una oposición cansada de este tipo de conductas.
El alcoholímetro al final nos recuerda una verdad incómoda: la ley funciona cuando no reconoce apellidos, cargos ni amistades, y aquellos que están relacionados en el mundo de quienes nos gobiernan, deben ser los primeros en entenderlo.
Manejar sobrio no es un acto heróico, es un mínimo ético, no hacerlo y peor aún desde una posición de influencia, es una irresponsabilidad social por donde le vea.