¿Celebrando migajas?

  • Déjame te pregunto
  • David Aarón Cárdenas

Hidalgo /

La caída de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum en la Cámara de Diputados no fue una hazaña épica de la oposición créame estimado lector.

Fue, más bien, una carambola parlamentaria: la iniciativa se desechó el 11 de marzo al no alcanzar mayoría calificada, con 259 votos a favor y 234 en contra, luego de que PRI, PAN y MC coincidieran con el rechazo del PT y una parte del PVEM. Morena ante esto ya anunció su Plan B.

¿Y qué significa eso para Hidalgo? Mucho más de lo que parece. Porque aquí la oposición no puede vender este episodio como si hubiera reconquistado a nuestro estado. En el Congreso local hidalguense tanto PRI, como PANy PRD tiene una pauperrima cuota de diputados y todos ellos por representación proporcional por cierto, una fotografía que retrata su verdadera estatura política en estas tierras.

Por eso su festejo suena medio hueco. En vez de construir una alternativa seria para Hidalgo y todos los demás estados de nuestro México, la oposición se aferra al libreto del bloqueo y luego se viste de demócrata.

Qué curioso: cuando una reforma plantea recortar 25 por ciento del gasto electoral, reducir privilegios, limitar el dinero en efectivo en campañas, regular el uso de inteligencia artificial y quitar a las dirigencias el monopolio de las listas plurinominales, entonces los defensores de la “pluralidad” aparecen súbitamente indignados.

Este rechazo tiene una lectura muy concreta. Primero, prolonga un modelo electoral caro y cómodo para partidos que sobreviven más por administración de cuotas que por respaldo popular y segundo, manda el mensaje de que la oposición prefiere conservar sus rendijas de representación antes que someterse al veredicto directo de las urnas. La democracia no se defiende sólo gritando “autoritarismo” en tribuna; también se honra cuando se acepta competir con menos dinero, menos burocracia y más voto ciudadano. Lo demás es retórica de barrio.

En un estado donde la presencia opositora es cada vez más reducida, celebrar el rechazo de la reforma no la fortalece; apenas la delata. Ganó una votación ajena, sí. Pero sigue perdiendo la conversación de fondo. Y en política, cuando uno sólo vive de frenar al otro, termina confesando que ya no sabe avanzar por cuenta propia.

Al final veremos el veredicto que entregará el pueblo, que a estas alturas ya no olvida ni perdona.


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