A diferencia de columnas anteriores, hoy comparto una reflexión de futuro; el próximo 24 de febrero, en todas las escuelas Hidalguenses de niveles obligatorios, se rendirán como es costumbre los honores patrios, concretamente a la Bandera Nacional.
Todo un suceso si lo recordamos (usted y yo) desde que éramos niños: la escolta marchando por la escuela, todos cantando el Himno Nacional y por supuesto los trabajos de investigación referentes al origen de nuestro lábaro patrio.
Este lunes venidero en particular se coincide con el festejo del Día de la Bandera de nuestro país, adoptada por decreto el 16 de septiembre de 1968 y confirmada por ley el 24 de febrero de 1984, en homenaje recordemos a la firma del Plan de Iguala por parte de Agustín de Iturbide.
La Bandera Nacional es uno de los símbolos de nuestra nacionalidad que nos impulsa a seguir trabajando en pro de la libertad, la democracia y la justicia.
Por si no lo sabe, existe una ley que gobierna y regula el uso de nuestra Bandera Nacional llamada: “Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales”, y no es otra cosa que la búsqueda de proteger, cuidar y respetar a todos estos símbolos patrios. Evitando así verlos hasta en los “calzones” de alguna modelo para revista de caballeros, cosa común en nuestro vecino país del norte.
Es curioso, hoy vivimos en un México, donde por un lado hablar de ser patriota enaltece y es hasta “aspiracional”, pero por el otro es crudo ver que más bien muchos somos patrioteros de conveniencia.
Me queda claro que ser patriota no es simplemente decir soy mexicano, es mucho más que eso; el sentimiento patriótico se forma desde la niñez que poco a poco va extendiéndose, a nuestro municipio, estado y nación, es un sentido de unidad que debería preocuparse por el bien común.
Sin embargo, la triste realidad es que sí, ese dicho de que: “Como México no hay dos” es cierto, somos únicos pero en muchos aspectos no para bien. En este país falta autocrítica y sobra autocomplacencia, hay demasiada mentalidad local derrotista y sufrida, provocada por el pésimo manejo de nuestra historia, una historia totalmente maniquea, me da risa escuchar a gente decir que cuando los españoles conquistaron México toda nuestra historia cambió, aparte de mostrar un pensamiento anclado en el pasado, denotan su pobreza de conocimiento histórico.
Para empezar, México no pudo ser ni fue conquistado por 300 españoles al mando de Hernán Cortés, México aún no existía como nación y no fueron sólo españoles, sino indígenas (miles de ellos),quienes tomaron Tenochtitlán y la arrasaron con el odio y la furia de haber sido humillados largamente por el régimen del imperio azteca.
No me mal interprete por favor, estoy orgulloso de lo que reconozco como mi país a partir de su historia, su lengua y su gente, pero a mí no me basta ni me bastará con su comida rica, sus paisajes bonitos, sus grandes muralistas, sus usos y costumbres que hacen buenas fotografías para la National Geographic, ni sus chistes tan ingeniosos de doble sentido. Ser patriota es mucho más que querer eso.
En el ejercicio del poder, el patriotismo no es garantía de buen gobierno. El patriota es quien tiene el impulso de hacer algo “bueno” por la patria, no quien consigue hacerlo.
Las buenas intenciones de nada sirven en ausencia de experiencia, carácter, habilidad, sensibilidad, honradez, estrategia e ideas viables, elementos que no componen la definición de patriota.
Peor aún es ver a políticos que apelando al patriotismo, son los primeros que carecen de la mayoría de los atributos mencionados.
Quien realmente desee que nuestro país (y nuestro Estado) mejore, que lo critique. Que critique a sus instituciones públicas, a sus políticos y sus partidos, a los medios de comunicación, a la sociedad y hasta uno mismo, eso debería ser el patriotismo. Recuerde: lo que no se critica no se corrige ni se mejora.
Pero pareciera que son más fuertes la corrupción, el “transar para avanzar”, el no respeto al derecho ajeno, la envidia, el derrotismo, la intolerancia, el machismo, la resignación sufrida, la sumisión, el conformismo y la apatía, en pocas palabras: un nacionalismo patriotero.
En fin, esperemos al menos que este lunes los hijos nuestros “sientan” el orgullo de pertenecer a este nuestro México, y entonen con ganas el Himno Nacional Mexicano, que pase un excelente fin.
dacc_cardenas@yahoo.com.mx