Y si lector mío, con el “nuevo” Tuzobús, del que ya hemos hablado bastante, nos estamos dando cuenta que la movilidad no se arregla solo con unidades nuevas o recién pintadas ni con pintura fresca sobre el asfalto. Se supone que con esta nueva administración se logró renovar un servicio cansado, con años de quejas por retrasos, saturación y fallas.
Pero también nos enseña una verdad bien incomoda: Pachuca no está aún adecuada para convivir con un transporte masivo; el gobierno tomo el control y mejoró la cosas, lo cual es un paso importante, pero insuficiente y hasta estéril si el carril confinado sigue siendo visto por los automovilistas como atajo, escape o hasta prepotencia momentánea, porque invadirlo no es un chiste es más bien sabotear el tiempo de miles de usuarios que dependen del Tuzobús para llegar a su trabajo, a la escuela o incluso hasta el médico.
Por eso celebro las sanciones que se impondrán, para empezar a educar a aquellos que no entienden, y es que ya en los primeros meses del año se han reportado conductores multados por invadir el carril exclusivo, pareciera que ni con la instalación de los bolardos, las boyas y la balizas que por cierto costaron una millonada, la cultura vial que tenemos ha querido respetar. El problema es que hasta esa infraestructura ha terminado dañada por la necedad de quienes creen que la ciudad les pertenece por venir al volante.
Eso, por un lado, pero por otro hay que reconocer que Pachuca arrastra una planeación poco menos que pésima: vialidades saturadas, obras mal comunicadas, cruces conflictivos, baches y embudos por donde tiene que recorrer el autobús que se enfrenta a avenidas rebasadas, tránsito pesado, rutas compartidas, zonas donde el carril exclusivo y mixto nada más no queda claro termina por alimentar el caos.
Modernizar no es cambiar camiones, es cambiar hábitos. El transporte público en la urbe debería ser siempre prioridad porque mueve más personas que los que pueden ir en auto, si un automovilista invade el carril confinado para ganar dos minutos, nuestra ciudad pierde horas colectivas, y una ciudad que no respeta el paso del transporte colectivo en realidad no se mueve, se está tropezando consigo misma.
Ya iremos viendo cómo evoluciona esto, por lo pronto esperemos que la ley se imponga y se multe al infractor.