Dos equipos en Puebla

Puebla /

El Cuauhtémoc será el único estadio de México con dos equipos del futbol mexicano de la primera división durante el torneo que comenzó la semana pasada y rápidamente llega a la jornada 3 a partir de esta noche. La nueva grama del dos veces mundialistafue exhibida a nivel nacional durante los encuentros de mitad de semana, el primer examen se reprobó estrepitosamente.

Lo único que le faltaba a Puebla: tener baches en su campo de futbol. El ridículo supone poner en entredicho la posibilidad de albergar selecciones para el mundial. Pese a ello, Puebla volvió a contagiarse de futbol. No es una exageración ni una frase de ocasión: la ciudad atraviesa semanas en las que el balón volvió a ser conversación cotidiana.

Por un lado, La Franja, con su historia de identidad local, resistencia y pertenencia, pero un letargo de varios torneos sumida en la mediocridad absoluta. Por el otro, el Cruz Azul, un gigante itinerante que encontró en el estadio Cuauhtémoc una casa temporal, pero no indiferente. La convivencia de ambos no ha pasado desapercibida. Al contrario: reactivó una fiebre futbolera que parecía dormida.

El Cuauhtémoc volverá a verse vestido de azul… pero quizá no del azul tradicional. Eso genera curiosidad, incomodidad en algunos sectores y entusiasmo en otros. Porque Puebla es una plaza que responde cuando se le provoca.

El enfrentamiento de este sábado entre el Cruz Azul y el Puebla no es un clásico ni si quiera llega a derbi, pero tampoco es un partido cualquiera. Tiene un simbolismo peculiar: el equipo que “presta” su estadio enfrenta al que lo ocupa. La Máquina se mide ante el club que representa a la ciudad que hoy lo recibe. Y en esa dualidad está el interés.

Para el Cruz Azul, el duelo representa una prueba de legitimidad. Jugar en Puebla no basta; hay que ganarse a la tribuna, convencerla, generar vínculo. Para el Puebla, es una oportunidad de reconquistar a su vapuleada parcialidad, de recordar que el arraigo no se negocia y que, aunque el estadio sea compartido, el sentimiento no se renta.

El fenómeno va más allá de los noventa minutos. Restaurantes llenos en días de partido, camisetas distintas en las calles, debates en radio y redes sociales, comparaciones inevitables. La ciudad volvió a hablar de futbol con intensidad, con matices, con postura. Eso, en sí mismo, ya es una victoria para una plaza que ha perdido total protagonismo en el mapa de la Liga MX.

En la cancha, el partido será apenas el pretexto. Lo verdaderamente interesante ocurrirá en las tribunas. Habrá quien celebre al Cruz Azul como visitante bienvenido que aporta buen futbol y habrá quien defienda al Puebla como el patrimonio emocional indisputable de la plaza.

Esa tensión no es negativa: revela que la ciudad sigue sintiendo el balompié como algo propio. Y Puebla, con dos equipos, vuelve a estar en el centro de la conversación.


  • David Badillo
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