El sexto partido

Puebla /

Nueve puntos de nueve posibles. Paso perfecto. Ningún gol recibido. Una actuación que ya ocupa un sitio en la historia del futbol mexicano, sin necesidad de esperar lo que ocurra después. Eso, por sí mismo, merece reconocerse. Empero, el futbol es veleidoso y puede convertir una hazaña en una simple anécdota si el siguiente partido sale mal.

Porque la historia no suele recordar a quienes dominaron la fase de grupos; recuerda a quienes sobrevivieron cuando comenzó la eliminación directa.

México acaba de ingresar a un club reservado para muy pocos. Apenas seis selecciones, en toda la historia de las Copas del Mundo, han ganado sus tres partidos de la primera fase sin recibir un solo gol: Holanda en 1974, Brasil en 1986, Italia en 1990, Argentina en 1998, Uruguay en 2018 y ahora México en 2026.

El dato impresiona. También obliga a revisar la letra pequeña. Existe incluso una especie de maldición para ese selecto grupo. Holanda fue finalista; Italia alcanzó las semifinales. Los demás quedaron eliminados en cuartos de final. Es decir, una fase de grupos perfecta nunca ha garantizado absolutamente nada.

En medio de todo apareció otro motivo para el optimismo. Gilberto Mora Zambrano se convirtió en el mexicano más joven en iniciar un partido como titular en una Copa del Mundo. Lo que los clásicos definían como "un garbanzo de a libra": talento precoz, personalidad impropia de su edad y la sensación de que el futbol mexicano tiene a un jugador distinto.

Ahora bien, conviene poner los pies sobre la tierra. México apenas ha ganado un partido de eliminación directa en toda la historia de los Mundiales. Sólo uno. Fue aquel domingo 15 de junio de 1986 en el estadio Azteca frente a Bulgaria, con el inolvidable gol de Manuel Negrete —más famoso aún por la belleza de su remate— y otro tanto de Raúl Servín para llegar al quinto partido.

Han transcurrido cuatro décadas desde entonces. Por eso la pregunta sigue abierta. ¿Valió la pena disputar una liguilla sin seleccionados? ¿Sirvió alterar el calendario para privilegiar la preparación mundialista? Hoy parece que sí. Los resultados de la primera fase respaldan la decisión.

Empero, la respuesta definitiva no llegará ni siquiera el martes. Si México avanza, el futbol mexicano buscará dar el paso que lleva cuarenta años esperando hasta el próximo domingo 5 de julio.

Si queda eliminado en dieciseisavos, todo será equiparable a Catar y volverán los discursos conocidos: el del palomar leído por Denisse Maerker, el "nos faltó un gol" de Yon de Luisa y la interminable colección de explicaciones que el futbol mexicano lleva décadas reciclando.

Por eso conviene disfrutar el presente, pero sin confundirlo con el destino. El verdadero examen no estaba en la fase de grupos.

Porque ni siquiera venciendo el martes se habrá llegado a la meta. El destino de ensueño esta vez será “el sexto partido”. Ese que durante generaciones el futbol mexicano ha perseguido como una obsesión. Ese que separa una buena Copa del Mundo de un Mundial verdaderamente memorable.

Hasta entonces, México puede presumir una fase de grupos impecable e histórica. Después de eso, la historia dictará sentencia; para ello faltan dos encuentros y más de una semana.


  • David Badillo
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