El triunfo de la lógica

Puebla /

Durante demasiado tiempo en el futbol mexicano se confundió la experimentación con la improvisación. Se creyó que cambiar por cambiar era una virtud, que sorprender al rival implicaba sorprender primero a los propios futbolistas. Por eso resultó refrescante que, en el debut mundialista frente a Sudáfrica, Javier Aguirre hiciera algo tan sencillo como pocas veces visto en los últimos años: poner a jugar a los mejores.

No parece una idea revolucionaria. En realidad no debería serlo. Sin embargo, después de varios procesos en los que las convocatorias, alineaciones y sustituciones parecían responder más a impulsos que a certezas, la lógica terminó convirtiéndose en noticia, sobre todo con los antecedentes de Aguirre y su elección en momentos clave de México en la historia de los mundiales.

México venció 2-0 a Sudáfrica y lo hizo sin sobresaltos mayores. No porque haya exhibido un futbol deslumbrante ni porque estemos frente a una generación irrepetible, sino porque el equipo mostró algo que suele ser subestimado: coherencia.

Aguirre eligió a los once futbolistas que hoy parecen estar en mejor momento. Tampoco es que el abanico de opciones sea infinito ni que exista una diferencia abismal entre titulares y suplentes.

El resultado fue un partido controlado, especialmente durante un primer tiempo en el que México encontró ventajas a partir de la movilidad ofensiva y de la personalidad de un futbolista que llegó al Mundial cargando más dudas que certezas.

Julián Quiñones había vivido una relación extraña con la Selección Mexicana. Naturalizado en medio de una enorme expectativa, nunca terminó de convertirse en ese futbolista diferencial que muchos imaginaban. Sus actuaciones con la camiseta nacional estuvieron lejos de lo que mostraba semana tras semana en sus clubes. La sensación era que México esperaba una versión que simplemente no aparecía.

Por eso lo ocurrido ante Sudáfrica tiene un valor especial.Quiñones no sólo marcó diferencia. Cargó con el peso ofensivo del equipo durante largos lapsos del encuentro. Fue profundo, agresivo, participativo y determinante. Por primera vez en mucho tiempo trasladó al escenario internacional aquello que lo convirtió en una de las figuras más importantes de la Liga MX y posteriormente en una pieza relevante en el futbol saudí.

La legitimidad, en el futbol, no se obtiene por decreto. Tampoco por un pasaporte. Se construye partido a partido.Y Quiñones dio un paso importante en esa dirección.

Ahora viene la parte más compleja. Un Mundial no se gana en el debut ni se pierde en la primera jornada. Las verdaderas pruebas aparecen cuando los encuentros se complican, cuando los planes iniciales dejan de funcionar y cuando el entrenador debe intervenir desde el banquillo.

Ahí estará el siguiente examen para Aguirre.Si la lógica funcionó para construir el once inicial, sería deseable que también aparezca en la gestión de los cambios.

México no ganó por inventar nada. Ganó porque hizo lo evidente. Porque alineó a quienes mejor llegaban. Porque permitió que sus futbolistas más capaces asumieran responsabilidades. Porque evitó complicarse innecesariamente.

Suena elemental, empero, en el futbol mexicano, donde tantas veces se ha querido descubrir el hilo negro en vísperas de los grandes torneos, la sensatez termina siendo una virtud extraordinaria.


  • David Badillo
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