Hay algo fascinante en la longevidad de los grandes genios. Woody Allen, a punto de cumplir 91 años, prepara una nueva película, la número 51 de una trayectoria que incluye prácticamente todos los oficios posibles dentro del cine: escritor, director, productor, actor, músico y hasta comediante.
Y mientras uno piensa en ello, resulta inevitable llevarlo al deporte. Porque los deportistas también son genios. Genios de otra naturaleza, sí, pero genios al fin. Tienen una capacidad extraordinaria para hacer algo que millones de personas intentan y muy pocos consiguen: jugar al futbol, correr más rápido, saltar más alto, lanzar mejor o convertir una acción en algo que parece imposible.
La diferencia es que el cuerpo termina cobrando la factura.
Woody Allen puede seguir escribiendo y dirigiendo a los 90 años porque su principal herramienta no necesita correr 90 minutos, soportar golpes, acelerar, frenar y volver a hacerlo tres días después. En el deporte profesional, por más que la ciencia haya avanzado, existe una frontera física que resulta prácticamente imposible de negociar.
Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, dos de los mayores genios que ha producido el futbol en este siglo, ya tienen 41y 39 años, respectivamente. Dos años de diferencia que, a esas edades, en el deporte profesional significan muchísimo. Los dos están viviendo, cada uno a su manera, la parte final de una historia extraordinaria.
Pero hay una diferencia enorme en la manera en que parece estar llegando ese final. Messi prepara partidos que apuntan a ser sus despedidas con la selección argentina. Y aunque todo indica que estamos ante el cierre de su etapa internacional, con Messi nunca parece prudente dar por sentado que será la última vez. Todavía puede aparecer una última función, una última genialidad, un último partido en el que vuelva a demostrar que el tiempo puede quitarle velocidad, pero no necesariamente la capacidad para decidir.
Cristiano vive una situación distinta. Su salida de la concentración de Portugal, sin disputar los minutos que esperaba, volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando el futbolista que durante tantos años fue indispensable empieza a dejar de serlo? La respuesta de Jorge Jesús fue contundente: ningún futbolista está por encima de la selección.
Y quizá ahí esté la verdadera diferencia entre ambos casos. Messi parece estar preparando su despedida. Cristiano parece estar siendo empujado hacia ella. Porque en el deporte hay una frase que puede sonar cruel, pero que muchas veces explica perfectamente estos procesos: no es lo mismo irse a que te vayan.
Eso no borra una carrera. No disminuye sus títulos. No cambia su lugar en la historia. Simplemente confirma que, a diferencia de Woody Allen, los genios del deporte tienen que convivir con un enemigo que ningún talento puede derrotar para siempre: el tiempo.
Quizá por eso las despedidas de Messi y Cristiano serán tan interesantes. No solamente porque se van dos futbolistas extraordinarios, sino porque estamos viendo algo mucho más difícil de observar: el momento exacto en que dos genios comienzan a dejar de pertenecerle al futbol profesional.