Arranca una nueva temporada de la Liga Mexicana de Beisbol y, como cada primavera, el diamante vuelve a encender esa mezcla de nostalgia y expectativa que sólo este deporte sabe provocar. Son 101 años de historia y en Puebla, los Pericos vuelven al nido con la encomienda clara de competir, pero sobre todo de bordar la séptima estrella en su escudo.
La Liga Mexicana de Beisbol ajustó su reglamento ante la lluvia: ahora los juegos suspendidos antes de la quinta entrada no se reinician, se reanudan desde el punto exacto al día siguiente. La medida busca completar más partidos y dar mayor justicia a standings y estadísticas.
En paralelo, entra el sistema ABS: lanzadores y bateadores podrán pedir revisión electrónica de bolas y strikes, con dos retos por juego. La tecnología busca reducir errores del ampayeo y darle mayor precisión a cada turno.
La Parvada Verde se presenta con ajustes interesantes en su roster, apostando por un equilibrio entre experiencia y juventud. Hay nombres propios que invitan al optimismo y otros que generan legítimas dudas. Así es cada inicio de temporada: un lienzo en blanco donde todos compiten… hasta que la realidad empieza a dictar sentencia.
En ese contexto, el inicio será clave. No tanto por lo que defina en el standing sino por lo que marque en términos de identidad. ¿A qué van a jugar los Pericos? ¿Serán un equipo agresivo al bat, disciplinado en el pitcheo, o volverán a depender del beisbol chiquito?
Porque más allá de nombres, el beisbol sigue siendo un deporte de ejecución diaria. De series largas, de ajustes constantes y de carácter en momentos específicos.
Sólo las primeras tres series ya le avientan un Miura a los emplumados. El compromiso inaugural ante los Guerreros de Oaxaca y la visita de la artillería de los Conspiradores de Querétaro, para salir la próxima semana por primera vez en el calendario y hacerlo ante uno de los locales más fuertes: los Piratas de Campeche.
No se trata únicamente de meterse a playoffs —objetivo mínimo en una liga con formato permisivo— sino de construir un equipo que realmente compita en septiembre en pos del gallardete.
El Hermanos Serdán necesita volver a sentirse como una plaza incómoda para el visitante. Que pese. Que empuje. Que acompañe. Pero eso no se regala: se gana desde el terreno de juego. En ese sentido, el regreso de Danny Ortiz es fundamental para conectar con la afición y aportar con sus batazos la cuota de poder que faltó en 2025.
El reto para los Pericos y dieciocho equipos más es frenar a una organización que apunta a dinastía: los Diablos Rojos del México. La novena escarlata va en pos del tricampeonato, algo que sólo ha conseguido un equipo en la centenaria Liga Mexicana: los Industriales de Monterrey de Lázaro Salazar a finales de la década de los 40 del siglo pasado.
El Puebla, con el verde más fuerte que nunca, buscará ser esa piedra en el zapato y repetir lo hecho en 2023: eliminar al México y levantar el campeonato.