Ruptura anunciada

Puebla /

La inercia en el futbol suele ser un espejismo: parece eterna cuando acompaña y frágil cuando se rompe. El Cruz Azul caminaba sobre esa delgada línea hasta que la realidad lo alcanzó sin aviso. Nueve partidos sin ganar no son un accidente; son una tendencia que desgasta, que erosiona la confianza y que, tarde o temprano, cobra factura. En ese contexto, la salida de Nicolás Larcamón terminó por consumarse.

Sin embargo, reducir todo a los resultados sería simplificar una historia que venía cargando otros matices. Porque si algo respaldaba al proceso era el rendimiento acumulado: 65 puntos sumando el torneo pasado y el actual, una cifra que ningún otro equipo logró en ese mismo lapso. Es decir, el Cruz Azul no era un proyecto a la deriva, sino uno que, hasta hace poco, encontraba formas de competir y sostenerse en la parte alta.

Pero el futbol rara vez se explica sólo con números. En medio de la racha negativa apareció un elemento que tensó aún más el entorno: las críticas públicas del propio Larcamón hacia la directiva. El técnico no ocultó su molestia por lo que consideró una tardanza en el regreso al estadio Azteca, un tema que, lejos de quedarse en lo interno, terminó por exhibir una fractura. En clubes como el Cruz Azul, esas diferencias no suelen pasar desapercibidas, y muchas veces pesan tanto como los resultados.

La combinación fue letal. Por un lado, un equipo que dejó de ganar en el peor momento, a las puertas de la liguilla y en plena fecha doble. Por el otro, un discurso que rompió la armonía institucional y que, de alguna forma, evidenció desacuerdos de fondo. La salida del entrenador, entonces, parece menos una reacción impulsiva y más la consecuencia de una relación que se fue desgastando en distintos frentes, entre silencios incómodos y declaraciones que terminaron por hacer ruido puertas adentro.

Queda, eso sí, la contradicción inevitable. ¿Cómo se explica que el equipo más productivo en puntos en el último año se quede sin entrenador a un paso de la fase final? La respuesta, incómoda pero frecuente, está en la lógica del corto plazo. En el futbol mexicano, el presente inmediato suele pesar más que cualquier construcción previa, incluso cuando los números sugieren estabilidad.

Así, el Cruz Azul cierra un capítulo que, visto en perspectiva, tenía argumentos para continuar. Pero entre la presión de los resultados y el ruido interno, el margen se agotó. Empero, la sensación que queda es que no fue sólo la racha la que sentenció a Larcamón, sino todo lo que se dijo —y lo que se dejó entrever— cuando el equipo comenzó a perder el rumbo, hasta volver inevitable una decisión que parecía lejana semanas atrás.


  • David Badillo
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