El Puebla de la Franja y los Rojinegros del Atlas, dos de los clubes con mayor abolengo del futbol mexicano están en el proceso de escuchar ofertas por sus franquicias, empero, ni el equipo Camotero ni los Académicos saldrán de su ciudad de origen. En julio de 2026 usted verá al Puebla en el Cuauhtémoc y al Atlas en el Jalisco.
En el caso del Puebla han existido acercamientos en los últimos mesespero todo indica que la operación no va a cristalizar. Un grupo de empresarios locales con la venia del gobernador Armenta están interesados en la adquisición del club, sin embargo, la clausula por los derechos de transmisión hacen inviable la compra. TV Azteca escuchó las ofertas pero tampoco está urgida en vender.Lo importante para la gran afición poblana es que, ya sea con la actual directiva o eventualmente otra, el equipo de la Franja seguirá en la plaza.
Distinto es el caso del Atlas de Guadalajara. Los Zorros están en venta desde hace un año pero todavía no se aterriza la operación. En los últimos días surgió un nombre que llamó mi atención: José Miguel Bejos. El dueño de los Pericos de Puebla fue mencionado incluso por el mismo presidente del Atlas como uno de los candidatos más avanzados para hacerse del equipo tapatío.
Cruzando información con el círculo más cercano al empresario capitalino, me comentan que a diferencia del supuesto interés por comprar al Puebla, en este caso sí existe una posibilidad e incluso una negociación en curso. Sin embargo, lejos está todavía de consumarse.
La llegada de Pepe Miguel al futbol sería una buena noticia para la industria. En el deporte mexicano hay proyectos que nacen con ruido y otros que se construyen con paciencia. Lo interesante es que, cuando uno revisa con calma el historial de algunos grupos empresariales, descubre que detrás de ciertas decisiones no hay ocurrencias.
Tomemos un ejemplo claro. Desde hace más de una década existe un involucramiento constante en la promoción del deporte profesional. La Gira Mexicana de Golf, donde Pepe Miguel funge como comisionado, no sólo sobrevivió: se consolidó como el circuito profesional más sólido que ha tenido el país. Ahí se han fogueado jugadores que después han dado el salto a escenarios mayores. No es un proyecto improvisado, es una estructura que ha demostrado continuidad.
En el beisbol ocurrió algo parecido. El compromiso con la plaza se tradujo en resultados tangibles: un campeonato para la afición y un estadio profundamente renovado respecto al que se recibió.
Por eso, cuando surge la posibilidad de que un grupo con ese historial mire hacia el futbol, la idea no parece descabellada. Al final, son pocos los empresarios que deciden invertir recursos propios en proyectos deportivos de largo plazo. Y cuando alguien ya lo ha hecho en otras disciplinas, el patrón empieza a ser evidente.
En ese mapa, un proyecto como el del Atlas podría terminar encajando mejor con el dinamismo y la expansión natural de ese tipo de organizaciones. Porque, al final, no siempre se trata de dónde nos gustaría que fuera la historia, sino de dónde hace más sentido que continúe.