Del aplauso al dato, los eventos como laboratorio de inteligencia

  • Columna Invitada
  • David Hidalgo

Ciudad de México /

Por mucho tiempo hemos realizado eventos corporativos bajo los mismos lineamientos: auditorios llenos, hashtags en tendencia, cócteles de cierre y asistencia sin interpretación, y, aunque estos datos siguen siendo importantes para la medición de resultados, existe una pregunta que no hemos realizado, ¿estamos aprendiendo de los números que estamos recabando?

En la era donde la información se ha convertido en el nuevo lenguaje de la inteligencia empresarial, los datos se han vuelto el activo más complejo y desaprovechado del siglo XXI. Dentro del sector de los eventos esto no es diferente, pues cada uno conforma una mina de información viva e interactiva, donde las decisiones, comportamiento e interacciones pueden llegar a revelar más sobre las audiencias que un estudio de mercado.

Hoy en día, cada desplazamiento, conexión y revisión es medible, pero gran parte de la información se pierde en hojas de cálculo o métricas que no se alinean con las nuevas necesidades, por lo que el sector aún tiene camino por recorrer para aprender a recopilar e interpretar, más allá de los leads y asistentes, los insights que las audiencias brindan de manera voluntaria para generar inteligencia de negocio.

Hace algunos años, lograr esta precisión en la recopilación de datos parecía ciencia ficción, pero en la actualidad, el uso de gadgets, apps y más dispositivos para medir zonas calientes de tránsito o preferencias es posible debido a la transformación digital. Es importante entender que esta involucra más que solo pantallas, pues también ha sido una evolución en la manera de pensar, actuar y entender una industria con potencial de estrategia.

Un evento que asombra, pero no educa; que convoca, pero no transforma, difícilmente cumplirá su objetivo. Tal vez llegue a la meta de asistentes sin cumplir una de sus necesidades primarias: generar entendimiento y aprendizaje, por lo que es importante recordar que un evento estratégico no solo se mide por participantes, sino por el intercambio de ideas que genera.

Aquellos organizadores que logren leer los patrones de conducta detrás de cada emoción en sus asistentes tendrán una ventaja competitiva que no se puede comprar, adivinar o anticipar. Para lograrlo es necesario impulsar una nueva forma de liderazgo que combine ciencia de datos con intuición y emoción.

Los eventos como laboratorio de inteligencia no se tratan solo de gestionar tecnología para sorprender, sino de desarrollar la empatía necesaria para traducir datos en decisiones humanas. Las tendencias apuntan a una generación de eventos guiados por líderes que no solo produzcan experiencias, sino que interpreten el comportamiento y entiendan el porqué de un aplauso, un saludo o un silencio.

Este sector está atravesando una revolución silenciosa de la que nadie habla: la del entendimiento. La de entender a sus audiencias y entender que los eventos ya no son mero entretenimiento corporativo, sino instrumentos de analítica y conexión para nuevas oportunidades de evolución.

Si las organizaciones siguen viendo los eventos como gastos y no como fuentes de inteligencia, seguirán desperdiciando el recurso más valioso de esta era: la información humana en tiempo real. El desafío es claro: pasar de contar asistentes a comprender personas para que los eventos se conviertan en la poderosa herramienta que permita diseñar el futuro de los negocios en México y América Latina.


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