SERIE PERIODÍSTICA “EL BOXEADOR QUE NO QUERÍA SER JULIO CÉSAR CHÁVEZ” / ROUND 1
Cuando Saúl Álvarez Barragán era adolescente le dijo al campeón mundial Óscar Chololo Larios que algún día él también se subiría a pelear por un campeonato mundial y que cuando eso pasara quería tenerlo en su esquina.
Ese chico pelirrojo había asistido como sparring a una de las preparaciones del boxeador jalisciense y no había dudado en lanzarle aquella petición que, según me cuenta, no fue tomada muy en serio en el gimnasio donde entrenaban.
“El Chololo me mandó a la chingada, porque entonces tenía catorce años y en el boxeo es muy difícil saber si la vas a hacer o no la vas a hacer. Es un deporte muy complicado”, relata en una larga entrevista que le hago durante mi investigación sobre Julio César Chávez.
Años después, cuando Álvarez se preparaba para su primer campeonato mundial buscó al Chololo y lo invitó a que lo acompañara. El excampeón mundial aceptó y estuvo en su esquina aquella noche del 5 de marzo del 2011 en la que Canelo venció por decisión unánime al británico Matthew Hatton en una arena de Anaheim, California, coronándose con el título superwélter del Consejo Mundial de Boxeo.
“Para mí fue un sueño realizado que me propuse de niño. Ahí entendí que no nomás era ser campeón mundial, que había muchas cosas por hacer en el boxeo”.
Veinte años antes, el 18 de julio de 1990, Álvarez había nacido en Guadalajara en el seno de una familia de origen michoacano dedicada a la venta de paletas de hielo. “Toda mi familia se dedicó siempre a las paleterías, ese es ahora sí que mi origen aquí”.
Canelo vivió su infancia en los pueblos de San Agustín y Juanacatlán, antes de regresar a Guadalajara. A partir de los cinco años comenzó a trabajar vendiendo paletas en los camiones y, con cierta jactancia, me presume que a esa edad siempre llevaba dinero en la bolsa. “Yo siempre, desde niño, desde los cinco años, trabajaba vendiendo paletas en los camiones, entonces yo siempre traía mi dinero en mi bolsa, lo que tenía que traer para esa edad”.
También aprendió desde entonces a defenderse. Relata que su cabello rojo y sus pecas lo distinguían de los demás niños y lo hacían blanco de burlas. Álvarez recuerda que no buscaba las peleas callejeras, pero tampoco se dejaba humillar. “Siempre me querían echar carrilla por ser pelirrojo pecoso y pues me enojaba y me defendía”.
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Uno de sus hermanos mayores había comenzado a practicar el box y un día invitó a toda la familia a verlo tener su primera pelea profesional. “Tenía yo como unos once años y cuando lo vi debutar como profesional me enamoré del boxeo y dije eso es lo que yo quiero hacer en mi vida”.
Le pregunto sobre la diferencia entre pelear en la calle y un ring, platicándole que Mike Tyson me contó que él había descubierto que la violencia que lo había llevado siempre a meterse en problemas, de repente, a través del box, lo había vuelto alguien reconocido.
“Sí, creo que por eso me nació el instinto del peleador, por todo lo de la calle, todo lo que pasaba en la calle y cuando conocí el boxeo dije: eso es lo que quiero hacer. Ya después lo demás ya no, ya no me llamaba la atención pelear en la calle ni
mucho menos”.
“La carrilla que me echaban la convertí en, ahora sí que eso lo transformé en ser un peleador donde de verdad valía la pena pelear”.
—¿Qué significa pelear cuando ya no se trata de defenderte?
—El sentido de pelar obviamente es ganar, y para eso es el gimnasio, el aprender lo más que se pueda para ser mejor que tu rival. De eso se trata el boxeo, de lastimar lo más que se pueda a tu rival y salir tú lo menos lastimado que se pueda.
—¿Se nace con ese instinto o se forja?
—Creo que se nace con eso.
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En el gimnasio de José Chepo Reynoso y su hijo Eddy, Canelo adolescente observaba con atención la manera en que entrenaba Chololo Larios. “Veía también cómo lo trataban, veía cómo se manejaban y yo decía pues yo también quiero que me traten así, y para hacer eso tengo que ser campeón mundial y tengo que ser igual de disciplinado como lo es el Chololo”.
—¿Y qué pensabas en ese entonces de Julio César Chávez?, ¿tenía también un lugar en tu imaginación?
—Ninguno, realmente ninguno.
Le digo que me sorprende su respuesta porque Julio había sido el gran ídolo del boxeo mexicano durante las dos décadas anteriores. Canelo me cuenta que Eddy Reynoso le mostraba peleas antiguas de Gilberto Román, Roberto Durán, Sugar Ray Leonard y pocas de Chávez.
—¿Qué aprendiste viendo esas peleas de Julio?
—Me interesaban especialmente los golpes al cuerpo. Todos los ganchos al hígado, porque yo no era muy bueno con la izquierda, entonces le decía a Eddy: es que siento que no meto bien los ganchos. Me gustaba mucho cómo combinaba sus golpes para poder meter su gancho al hígado. Me gustaba mucho cómo iba hacia adelante moviendo la cintura y machacando a sus rivales. Lo que no me gustaba era que cuando le pegaban iba hacia adelante, sabiendo que él podía ir hacia adelante sin que lo golpearan.
Neófito de box como soy, me sorprendió su respuesta porque parecía una crítica a un rasgo de Julio que yo veía como virtud, como valentía. Canelo establecía así una diferencia entre el estilo de ambos. A Canelo le interesaba aprender cómo atacaba Julio a sus rivales, pero quería aprenderlo sin recibir tanto castigo. En nuestra charla irían surgiendo otros distanciamientos entre una figura y otra.
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El papá y la mamá de Canelo se separaron cuando él tenía doce años. Recuerda haber presenciado agrias discusiones al mismo tiempo que sus hermanos mayores iban agarrando sus propios caminos en la vida.
—Imagino que fue una separación dolorosa.
—Sí, me dolió mucho.
“Me quedé prácticamente solo porque mi papá trabajaba desde la mañana y llegaba ya muy noche, entonces yo empecé a hacer mis cosas solo a los doce años, creo ahora que es una edad muy importante para estar detrás de un adolescente”.
En medio de la incertidumbre fue también que Canelo descubrió el boxeo. Para llegar al gimnasio tenía que tomar dos camiones, casi dos horas de traslado. “De repente pensaba muchas cosas en mi cabeza, el que iba a hacer, qué era para mí, qué seguía o qué iba a pasar, pero al final de cuentas el boxeo me orilló siempre a ser una persona disciplinada e ir al gimnasio.
A diferencia de otros campeones que he entrevistado estos años y que describen sus primeros años en el boxeo como una búsqueda frenética de escapar de la pobreza, Canelo me dice que su principal motivación nunca fue económica. Solo quería ser alguien dentro de ese mundo que había descubierto gracias a su hermano y recibir también el mismo reconocimiento del Chololo Larios.
Tras oírlo hablar de la crisis familiar durante su adolescencia, pienso que también estaba encontrando una forma de pelear con la soledad que le había dejado la separación de sus padres. Se lo digo. “Sí, creo que eso fue lo que me hizo aprender, el tener la disciplina”.
Una motivación así también marcaría la diferencia de su historia personal y boxística con la de Julio César Chávez, de la cual seguíamos hablando una y otra vez en esta entrevista que me había dado en un salón privado de un Club de Golf de Guadalajara.
(CONTINUARÁ…)