El nicho de Mario

Ciudad de México /

SERIE PERIODÍSTICA "MUERTE SÚBITA"/CAPÍTULO XII

El nicho de Mario


Doelia Montarcé veía en la televisión del comedor de su casa las imágenes de las inundaciones que hubo en noviembre de 2007 en Tabasco. De repente dijo en voz alta: “Dios, te pido nada más que te lleves en esa agua a los dos que mataron a mi hijo, nada más a ellos”.

Esto me lo cuenta Graciela, la hija menor de Doelia, justo cuando entramos al cementerio central de Neuquén, donde se encuentran los restos de su hermano asesinado en Toluca. “Yo le digo a mi mamá que los mexicanos -aunque no todos- tienen la culpa de lo que pasó. Mi mamá dice que no. Ni siquiera ve El Chavo del Ocho. Lo ve y dice: ‘No, no, no; yo lo que es mexicano, no’. Pero yo le digo que no todos los mexicanos tienen la culpa. Le digo: ‘Mi cuñada es mexicana y no le vamos a cerrar la puerta todo el tiempo’. Tiene ese odio. Pero yo le digo que no debe tenerlo con todos; le digo que no son todos. Sólo esos dos o tres que mataron a Mario y vaya usted a saber quién les encargó esa infamia”.

En el camino al cementerio también nos acompaña Patricia, la otra hermana de Mario que acaba de salir del hospital local, donde labora por las mañanas como costurera.

-Es muy lindo este lugar. Cuando vengo sola miro igual y no tengo ese miedo de entrar. Hay gente de la Municipal que está barriendo y saca las hojitas. Es muy limpito este lugar -me dice Graciela.

-En México las tumbas son mucho más pequeñas en general. Hay un panteón en Sinaloa, Jardines del Humaya, donde los narcos sí se hacen construcciones muy grandes-le digo con torpeza.

-De hecho entramos por acá y podemos salir por allá. Yo vengo y doblo. La que no mira es Mónica. Vamos charlando y ella va adelante apretando la cartera porque no le gusta estar aquí. Y va por ahí y le hago ruido. Luego ella dice que no hable nadie y mi mamá se para y me dice: “Che, no molestes”. Es una miedosa.

Seguimos caminando. Pasamos al lado de lo que parece más una capilla que una tumba.

-Éstos son de tres pisos-me explica.

-Supongo que es para muchas personas.

-Sí, es una galería. ¿Te enteraste del caso Zarza?

-Me suena.

-La chica era adoptada; ella está allá adentro. Hay veces que dejan cartas en su nicho. Ella trabajaba en el Ministerio de Justicia. Por lo que dicen, en una investigación que estaban realizando de no sé qué cosa, ella empezó a meterse demasiado en el asunto. Entonces estaba embarazada del muchacho ése que se llama Rinaldi, hijo de un militar y de una profesora de inglés. Estaba embarazada de él, qué se yo. Pero él no quería saber nada porque tenía novia y ya estaba por nacer el chico. La golpearon tanto, la mataron y la encontraron donde fuimos a vivir nosotros. Hay como lagunas. La encontraron ahí. Jamás se supo qué hicieron con el chico: si nació y lo tuvieron en incubadora; no se sabe nada. Hay veces que vos estás mirando ahí descubres las cartas anónimas que le dejan. Así fueron descubriéndose más cosas del caso… Ya llegamos adonde está Mario…

-¿Es por ahí?

-Sí. Mónica le hizo poner acá porque entra todo el sol, es como si estuviera vivo. Acá está lleno de chicos, todos chicos.

-Ya vi la foto de él.

-Sí. Elegimos ésa porque está sonriente, porque es el único sello del pasaporte.

-Qué dice la placa?

-¿Alcanzas a leer?

MARIO PALACIOS MONTARCÉ

28-12-1967

SERÁS UN EJEMPLO DE VIDA

QUE NOS ACOMPAÑARÁ POR SIEMPRE.

TUS PADRES, HERMANAS,

HERMANOS POLÍTICOS Y SOBRINOS.

-Y este letrerito de abajo lo puso mi tío, que cuando era chiquito lo disfrazó de jugador de futbol:

UNA PERSONA BUENA

QUE SUPO DEJAR

UNA PROFUNDA HUELLA

EN EL ESPÍRITU

DE QUIENES LO AMARON.

TUS TÍOS Y PRIMOS.

-Y esto con colores del Boca, ¿qué es?

-Es una matera.

Patricia, la otra hermana, quien ha estado callada todo este tiempo, habla al fin.

-Hay veces que encontramos besos marcados acá. Cuando es Día de San Valentín, vos venís y hay rosas. Las que tenemos las llaves somos nosotras y mi prima para abrir esto, pero afuera hay rosas rojas y besos. Acá, ella limpia el vidrio cada vez que venimos. Acá es zona de viento.

-¿Y cómo fue el rito fúnebre?

-Lo trajeron en el auto. La gente estaba reunida y estas plantas que están acá al lado estaban llenas de pájaros. Nos llamó la atención a unos cuantos. Uno de los amigos de Mario dijo: “Un aplauso a un grande”, y todos empezaron a aplaudir y los pájaros se quedaron. Con los aplausos de la gente generalmente los pájaros se van. Les llamó la a tención a unos cuantos: esta vez los pájaros se quedaron y empezaron a cantar.

-¿Se hacen rezos especiales? ¿Mario era católico?

-Sí, vino un cura por pedido del chico José Luis, que trabajaba con él antes de que fuera profesor de tenis de mesa, cuando Mario laboraba en una casa de electrodomésticos.

-¿Era el cura italiano de la iglesia principal?

-No, ése es el que hace las misas el 21 de noviembre, por la muerte de Mario. Cuando mi mamá pide la misa, Mónica va y le nombra a todos, pero el cura siempre le dice María en lugar de Mario. Mi mamá se enrabia. Odia que diga eso: “Ay, este es italiano o está sordo”. Todos los días 21 le hace una misa. Mi sobrino Rodrigo le dice a mi mamá: “Para qué abuela, si siempre lo nombra mal”.

-En la casa vi que hay muchas imágenes de la Virgen de Guadalupe. ¿La familia es muy católica?

-No, mi mamá cree en eso de la vela. Si se apagó la vela para el lado de él dice: “No, esa persona ya no está”.

-Y su papá, ¿dónde está, Graciela?

-Mi papá se encuentra más allá, donde está la escalera, más abajo. ¿Viste que aquí está lleno de chicos, todos bebés, todos chiquititos? Casi la mitad de donde está la escalera es de puros chiquititos. No lo sabía Mónica. Ella había pedido que pusieran a Mario por donde entra el sol. En este lugar, desde la mañana hasta la tarde hay sol. Después, cuando nos dimos cuenta, le digo: “Mira, están todos los chicos ahí enfrente de él”. Él adoraba a los chicos y los ayudaba mucho, sin importar de dónde.

-¿Y Mario no quería tener hijos?

-No, como era soltero, siempre soltero codiciado, le decía yo. Es como mi hijo el más grande: se llevaba bien con las chicas, cuando terminaba con ellas quedaba como amigo pero nunca así mal. La última novia que tuvo acá, Dialy, una belleza de mujer, está en la oficina de rentas. Cuando mi mamá quiere hacer papeles en rentas, va adonde está Dialy, que ahora es una chica gorda, con quien siempre se llevó bien. El resto eran casinos, porque le gustaba jugar casino e ir a algún recital de allá y volvían a la seis de la mañana. “Parecen los gordos”, les decía yo. Él nunca fue gordo. Pero a ella le encantaba invitarlo porque se llevaban bien. Cuando él se quiso ir y todo se acabó, quedaron siempre como amigos.

-Mario les contaba a sus amigos en México de una novia que había fallecido y por la cual había dejado Neuquén…

-Sí. Se murió de cáncer. Virginia estuvo invitada al casamiento mío y yo no sabía que era su novia. Mario me dice: “¿Puedo invitar a Virginia? Y le dije: “Sí, si es amiga tuya, no hay ningún problema”. Pero nos enteramos cuando José Luis, el chico que acá en el cementerio dijo “Un aplauso a un grande”, nos dijo en el velorio.

-¿Viste que en los velorios te enteras de todo, de unas cosas que nadie te dijo nunca?- que Mario tenía una novia y que decidió irse del país cuando murió Virginia, y murió de cáncer. Era jovencita.

(CONTINUARÁ…)


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