El viaje de la semilla

Ciudad de México /

En mayo de 2021 zarpó La Montaña del puerto de Islas Mujeres rumbo a Europa; llevaba a siete indígenas mayas representantes del EZLN, cinco marineros de un velero alemán, dos testigos, una cinefotógrafa y el que esto escribe


El 2 de mayo de 2021 zarpó La Montaña del puerto de Isla Mujeres, Quintana Roo. A bordo iban siete indígenas mayas designados por sus pueblos y comunidades para llevar al continente europeo la semilla de resistencia y rebeldía sembrada en Chiapas desde casi 40 años por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

También viajaban cinco marineros del Stahlratte (antiguo nombre del viejo velero alemán asaltado por los zapatistas y transformado en una elevación terrestre que se movía a veces con gracia, otras no, por esas pequeñas y grandes cordilleras marítimas llamadas olas), un equipo de apoyo y dos testigos externos con cara de polizones, la cinefotógrafa María Secco y el que esto escribe.

La travesía duró 52 días y el detalle de la navegación puede conocerse con mayor profundidad a través de los comunicados difundidos por el propio EZLN en la página www.ezln.org.mx y en un documental un tanto furtivo que desanda por ahí con el título de La Montaña.

En estas páginas se compartirá la bitácora de entrevistas a bordo con cada uno de los tripulantes de la embarcación, o sea, el viaje de la semilla transportada por la fracción marítima de la delegación conformada por cuatro mujeres, Lupita, Caro, Xime, Yuli; dos hombres, Bernal, Felipe; y una persona no binaria, Majo: el Escuadrón 4-2-1.

Todas estas conversaciones reflejan en una pequeña parte a los zapatistas más allá de la percepción predominante que hay sobre ellos alrededor del levantamiento armado del 1 de enero de 1994, del cual pronto se cumplirán 30 años en medio de una alarmante situación provocada por la remilitarización de Chiapas y el surgimiento de grupos narcoparamilitares que operan a sus anchas lo que parece una estrategia oficial (o tolerada oficialmente) de reconfiguración social y económica del codiciado territorio local.

En esta bitácora se tratarán de registrar las impresiones y reflexiones de los zapatistas de diversas generaciones, regiones y perfiles que formaron parte de la histórica expedición marítima de los pueblos originarios mayas que recorrió el Atlántico en sentido inverso al de la lógica colonial impuesta hace más de 500 años.

Hasta aquí la introducción. No se les dice bienvenidos a bordo, porque ya pasó rato de que zarpó esto.

***

Lupita en La Montaña. María Secco

Lupita es una zapatista tzotzil de 19 años de edad, residente de los Altos chiapanecos, que ha sido coordinadora regional de jóvenes y administradora local de trabajo colectivo en su comunidad. Será su testimonio —que brindó en español, su segunda lengua— con el que comenzará esta bitácora.

—Muchas gracias por la conversación, Lupita. ¿Puedes

presentarte?

—Buenas tardes, pues yo me llamo Lupita y soy zapatista, hablo el idioma tzotzil, pertenezco al caracol de Oventic y pues me tocó viajar en el barco junto con mis otros compañeros.

—¿Nos platicas un poco cómo fue la preparación y salida previa a este viaje?

—Bueno, pues junto con otros compañeros y compañeras, nos preparamos seis meses y ya cuando llegó el día en que nos tocó ir a la cuarentena, dejé mi casa y me fui al Semillero Comandanta Ramona, o sea el Centro (de Adiestramiento Terrestre-Marítimo) y ahí me encontré con mis demás compañeros. Estuvimos durante 15 días sin salir y ahí convivimos, estudiamos, bordamos, preparamos nuestra comida y ya cuando llegó el día ya nos tocó salir del Caracol de Morelia, donde los compañeros hicieron un acto, una ceremonia de despedida.

Fue emocionante cómo nuestros ancianos tocaron la música tradicional y nos encomendaron que tenemos que ir a hacer el trabajo, porque no vamos por nosotros los que venimos acá, sino por todos los pueblos zapatistas, los niños y las mujeres, vamos a hablar en voz de ellos y así nos fuimos y pasamos en un Caracol que es Patria Nueva. Ahí también hicieron un acto de despedida y en ese acto también encomendaron el trabajo y de ahí nos fuimos hasta el Caracol Roberto Barrios, ahí estuvimos creo que un día, que también nos dieron plática, hicieron acto, ceremonia y los ancianos nos dieron su bendición, como es de por sí nuestra costumbre, con incienso y todo.

—En esas ceremonias y pláticas que tenían, recuerdo que les hablaban mucho de llevar la semilla en este viaje. ¿Puedes platicar un poco de eso?

—Los pueblos lo que decían era que nosotros los que vamos, vamos a ir a dejar una semilla, o sea que no vamos a ir a pasear, a turistear, sino que vamos a ir a platicar de cómo es nuestra lucha, y también a escuchar la lucha de otros pueblos. Vamos a ir a compartir cómo vivimos, cómo construimos nuestra autonomía como zapatistas y también vamos a escuchar cómo resisten otros pueblos, cómo luchan, porque cada quien, en su lugar, tiene su lucha, y es lo que vamos a ir a hacer.

—Después de Roberto Barrios tomaron camino para Yucatán y luego a Isla Mujeres para zarpar…

—Sí, sí llegamos, pero pasamos a otros estados antes como Campeche y ya en Quintana Roo, ahí en Isla Mujeres pasamos y vimos el mar y fue emocionante porque es la primera vez que vemos un mar grande. Sí hemos visto ríos, pero no tanto como eso y ya allí el capitán nos recibió y nos subimos al barco junto con otros compañeros que nos acompañaban y de ahí pues ya estuvimos dos días para acostumbrarse un poco al movimiento del barco, y ya después de que terminó, pues ya nos jalamos para acá hasta donde estamos ahora.

—¿Y cómo sentiste la despedida con tanta bulla que había en el muelle entre otros compañeros de ustedes como el Subcomandante Moisés, de otras organizaciones, la prensa y los turistas mirones de por ahí?

—Pues sentí que me dio ánimo, que me animó más para hacer el trabajo tanto desde que los pueblos nos encomendaban y también nos deseaban suerte, desde ahí comenzó todo, de que se siente un ánimo y como que te da más fuerzas para hacer las cosas. También cuando te gritan y te dicen que te cuides, que están con nosotros, pues también nos levanta el ánimo y eso nos hace que vayamos con más ganas de hacer el trabajo para compartir.

—Y luego La Montaña zarpó en medio de un cordonazo de aire que movía mucho el barco en las primeras horas y algunos estábamos tirados y por eso no vimos a los delfines que aparecieron y parecía que recibían al barco en Cuba…

—Sí, porque cuando venimos empezó el barco y todo este movimiento que sí nos mareó, porque no estamos acostumbrados a ese movimiento, es nuestra primera vez, y se movía mucho el agua y sí nos hizo un poco de daño, pero digamos que no demasiado y sobre eso de los delfines, pues yo salí a tomar video, aunque sí me sentía mareada en esos momentos, pero logré tomar videos y fue bonito ver a los delfines saltando del agua.

—¿Ahora puedes platicar un poco de la semilla que llevan para compartir allá en Europa cuan-

do lleguen?

—Bueno, pues cuando vamos a llegar allá, vamos a compartir nuestra historia, nuestra lucha, nuestra historia de cómo nació nuestra organización, cómo se vino formando y cómo estamos ahora. Vamos a compartir cómo construimos la autonomía, cómo hacemos los trabajos que hay dentro de nuestra autonomía, en la salud, educación, los tercios compas y otros trabajos que existen, pero también vamos a ir a platicar sobre nuestras dificultades, nuestros problemas, porque aunque, si ya venimos caminando y construyendo la autonomía durante ya varios años, también hemos enfrentado dificultades, hemos tenido también errores y eso es lo que vamos a platicar para que, si algo les sirve también a los demás, pues que lo agarren y si algo no les sirve, pues no, pero también vamos a escuchar lo que dicen otros pueblos.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.