Detective

Encuentro con el sub Galeano

Diego Enrique Osorno

Ese agosto de 2018 llegamos a Chiapas para trasladarnos al Caracol de Morelia, donde el EZLN celebraba una edición más del festival CompArte por la Humanidad, una serie de eventos artísticos que congregaban a zapatistas de todas las regiones de la Selva Lacandona durante una semana de fiesta.

Como llegamos antes de que empezaran oficialmente las actividades, nos tocaron los ensayos de lo que sería el acto de cierre del magno evento preparado por los rebeldes: la entonación simultánea que harían 300 músicos zapatistas de la cumbia del Moño Colorado, una de las canciones más sonadas de estas tierras.

Sin embargo, la música que más me impactó en lo personal fue la del movimiento de hiphop emergiendo en las montañas de la Selva Lacandona. Casi todos los días pude oír piezas interesantes improvisadas por jóvenes de entre 15 y 20 años, quienes prácticamente se robaron la atención general de las actividades zapatistas.

En esa ocasión, el Subcomandante Galeano leyó un cuento titulado “La última mantecada del sureste mexicano”, acto en el cual participaron de manera performática las niñas Defensa y Esperanza Zapatista, además del Gato-Perro, entre otras actuaciones y efectos especiales producidos para la ocasión.

La lectura divirtió a los cientos de zapatistas presentes, aunque desconcertó a la decena de periodistas que se habían dado cita esperando una intervención alusiva del vocero rebelde sobre el flamante triunfo del entonces presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

Nada de esto sucedió. El CompArte de 2018 concluyó con la espectacular entonación masiva de la del Moño Colorado a través de un perfomance bautizado de manera precisa como “Batidillo musical zapatista”. 

***

Un día después de la clausura del festival me avisaron que el Subcomandante Galeano me daría la entrevista que había solicitado para un documental sobre el año de 1994. También había aceptado hacerlo el Subcomandante Moisés, actual líder zapatista.

En el caso de Galeano, sería la primera entrevista brindada bajo esta identidad, luego de haber decretado la muerte de su antecesor, el también afamado Subcomandante Marcos, quien así dejaba atrás su identidad para recordar y dar homenaje al maestro Galeano, un zapatista asesinado por paramilitares el 2 de mayo de 2014 en el Caracol de La Realidad.

Tras caminar hacia una cañada cercana, instalamos el set para la entrevista. Después de colocarse en la silla y encender su pipa, el Subcomandante empezó a ironizar: “Bueno, después del fracaso de Black Mirror, estamos aquí elevando el rating de Netflix para que no lo chingue Izzi ni Clarovideo”.

En medio de las risas del crew, Galeano empezó a pasarnos lista.

-¿Quién está en audio? -preguntó.

-Yo, Axel Muñoz -respondió el compañero sonidista.

-Entonces, si digo una tontería es culpa de Axel.

Mientras terminábamos de hacer pruebas de cámara y sonido, el subcomandante agarró los hilos que quedaban del paliacate que trae desde el 1 de enero de 1994 y la gorra con la que empezó la aventura insurgente en 1984, en la cual se alcanzan a percibir las estrellas de cuando era capitán, capitán segundo y finalmente subcomandante.

-Y hasta ahí llegué -aclaró.

-Pues ya no había más

-contesté.

-Bueno: diputado, senador…

Luego de las risas, seguimos hablando de la primera edición del Festival de Cine que estaban preparando, donde tendrían una función de estreno de Roma, la película de Alfonso Cuarón, además de contar con la presencia de Gael García, Joaquín Cossío y Dolores Heredia, tres grandes de la actuación muy admirados en las montañas del sureste mexicano.

Después de un rato de charla chabacana para disimular ciertos problemas técnicos ocasionados por la elección de una cañada como lugar de la entrevista, el Subcomandante lanzó:

-Ya hasta se me olvidó para qué estamos aquí. 

*** 

-¿Podríamos empezar esta entrevista con una presentación de usted? Después de eso me gustaría que me relatara cómo fueron los años previos al alzamiento

de 1994.

-Bueno, yo soy el subcomandante insurgente Galeano, nací en 2015, después de la muerte de un compañero maestro asesinado por paramilitares en La Realidad: ahí muere el Subcomandante Marcos y nazco yo, que soy el Subcomandante Galeano.

El año de 94 es uno de los años que nosotros llamamos años largos: según nosotros, el 94 empieza en 1992 y termina a mediados de 1995. En 1992 hay una crisis mortal infantil en la zona de Las Cañadas en la selva y en estas zonas de mononucleosis infecciosa y empiezan a morir muchos, muchos, miles de niños menores de 5 años con calenturas, empieza a haber una efervescencia en las comunidades de que ya hay que hacer algo. Las mujeres son las que empiezan a empujar principalmente, las mamás le empiezan a reclamar a los varones, a los maridos de que no están haciendo nada, de que a ellas les toca criar a los niños y se están muriendo, entonces en sus palabras eran: “no voy a criar un hijo o una hija para que se muera, tenemos que hacer algo”, entonces empieza a haber una efervescencia, un rumor, una presión pues de las comunidades hacia la comandancia de que ya había que hacer algo.

Para esa época de 1990-92, el EZLN ya tenía decenas de miles de compañeros y compañeras y miles de milicianos y cientos de insurgentes, digamos que militarmente tenía ya la capacidad de hacer algo, a diferencia de lo que pensaban los que entonces eran nuestros compañeros en la ciudad, que decían que no había condiciones, analizando cómo estaba el periodo de Salinas, que estaba en el punto más alto de su obra de teatro en donde él era el  personaje principal.

Allá en la ciudad decían que no había condiciones para hacer nada, pero el alzamiento se decide en 1992 en las comunidades. No por una valoración de la correlación de las fuerzas internacionales ni de todo lo que estaba pasando, porque todo lo que pasaba a nivel del mundo nos decía: ¡No! No lo hagas. El muro de Berlín había caído, el campo socialista como un sistema mundial también se había desechado, había sido derrotado, para decirlo de otras formas, las guerrillas centroamericanas y sudamericanas estaban en repliegue o ya negociando, entonces no había nada que dijera que la opción armada era una opción para una transformación, pero la misma base social del EZLN había crecido desmesuradamente y había sido apropiado por las comunidades de modo que nosotros pasamos de ser una organización de vanguardia o vanguardista que debemos dirigir a las masas a una organización que estaba al servicio de las comunidades, y en ese servicio a las comunidades nos empezaron a demandar que hiciéramos algo. 

(CONTINUARÁ…)


Diego Enrique Osorno

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