Entre barbarie y utopía

Ciudad de México /

Me ha tocado recorrer algunas fisuras del país. He reporteado en la sierra del Triángulo Dorado, en refugios de madres buscadoras, en cárceles y en caracoles zapatistas. He podido entrevistar a soldados, a narcos, a poetas, a presidentes, a jóvenes perdidos. No busco héroes, sino historias que devuelvan preguntas sobre el momento y las circunstancias en las que se extravió la imaginación política.

Habitamos un tiempo en el que el mundo se dirime en polos tras polos y las diferencias son diluidas en el ácido de la ironía fácil. Por ejemplo, entre El Mayo Zambada y el Subcomandante Marcos no hay ningún paralelismo, sino un abismo. Confundirlos —o más aún, colocarlos en un mismo altar narrativo— sería perder la brújula que aún distingue entre la barbarie y la utopía, tema del que trata mi libro En la montaña, donde ambos están contrapuestos ahí, como quien mira la noche y el amanecer.

No hay confusión posible entre las voces de El Mayo y la de Marcos. El primero hablaba desde la lógica implacable del dominio territorial y ejercía su poder con la determinación de una empresa transnacional; mientras que el segundo —aunque algunos ya no quieran oírlo— habla desde un lugar más difícil de definir: la grieta entre el Estado y la historia, donde aún se pronuncia la palabra dignidad sin vergüenza alguna.

Lo que En la montaña narra es el eco de una travesía real. La de unos pueblos originarios que deciden cruzar el océano en velero para decirle a Europa: “¡Despertad! No venimos a pedir. Venimos a escuchar y a hablar.” ¿Cuántas veces en la historia un movimiento ha hecho eso sin buscar el poder?, ¿cuántas veces la desobediencia se ha ejercido con tanta congruencia y ternura?, ¿cómo supieron los zapatistas que tras su viaje urgiría una conversación de pueblos, barrios, colectivos y personas diversas sobre lo que pasa en el mundo de arriba?

Alguien me dijo que escribo desde el romanticismo. Quizá es así, pero ¿desde cuándo la mirada crítica debe ser también cínica? En una realidad en la que la barbarie ya es administrada como rutina, defender la belleza o lo común no es un gesto ingenuo: es una forma modesta de resistir desde la escritura.

En la montaña es un libro surgido en el vaivén del mar y de la conciencia. Es una bitácora sin certezas, pero con brújula zapatista. Si parece poético (insulto que aprecio), es porque la cada vez más descarada prosa del poder ya no alcanza a nombrar lo que aún no ha sido vencido. Y si su lectura incomoda a quienes niegan el genocidio de Gaza y ven a Venezuela como un simple botín, entonces quizá el libro pudo tocar algo REAL.


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