“Era mucho miedo el que teníamos”

Ciudad de México /

SERIE PERIODÍSTICA "MUERTE SÚBITA" / CAPÍTULO XX

Mario Palacios brindando en Neuquén. Especial

—¿Mario estaba irritable antes de su asesinato, tuvo una discusión con usted?

—No, nada, jamás. Te digo que era nuestra mano derecha. Él nos guiaba, él nos enseñaba. Yo que no conocía la ciudad y a veces tenía que hacer cosas. Él me llevaba o me decía ándate a tal parte, tal otra o tómate este camión o aquel otro. Cuando me iba a trabajar las primeras veces me llevaba él. Me mostraba el recorrido que hace un camión desde la cancha y me decía: mira está cerca de casa. Excelente, con nosotros fue un amigazo, una persona que se brindó entero.

—Entonces usted cuando empieza a saber estas cosas ¿qué es lo que piensa?

—Uno piensa lo peor, piensa, si a él lo siguieron, si a él lo agarraron así, si lo matan de la forma que lo mataron. Si estaría implicado en algo raro o piensan que tenemos algo que ver o por ahí piensan que nosotros sabemos algo, no sé, por desconocer lo que realmente pasó te da miedo. Por ejemplo, a quedarse sola mi esposa en el departamento. Yo tenía miedo hasta de caminar en la calle. Parecía que todo el mundo te mira, que todo el mundo te sigue, sin saber por qué, ni cómo, ni cuándo ni dónde.

—¿Y entonces deciden regresar?

—Decidimos regresar porque en la forma que estábamos, cumplir con un trabajo iba a ser imposible. Si bien existía una pequeña posibilidad de trabajo bueno, quería hacerlo de la mejor forma. Iba a ser a lo mejor mi primera experiencia en un club, un club grande, y quería hacerlo de la mejor forma, no quería fracasar. Tanto por mí, un tanto también por Hugo León ya que no quería trabajar como entrenador de futbol en un club donde él salió como estrella, como jugador, Hugo no quería borrar todo eso lindo por fracasar como entrenador. Entonces necesitas estar bien, estar tranquilo y en ese momento no estábamos bien. Era mucho miedo el que teníamos. Si me pregunta ¿a qué? No sé, pero no estábamos bien. Hasta el punto de poner todos los sillones y sillas para trabar la puerta porque nos enteramos que lo que le habían robado a Mario era el manojo de llaves, nada más. Que no sé si se los robaron o lo tiraron por ahí, no tengo la menor idea.

—¿Y nunca supo usted nada más del caso?

—Cuando llegamos acá, a Neuquén, fuimos con Graciela. Graciela dijo que iba a seguir investigando, que iba a seguir viendo, que cualquier cosa nos iba a avisar. Desde el 2005 que me vine para acá, vivía en Santa Fe antes, no he vuelto a hablar con Graciela, nos cruzamos por ahí y nada más.

—Sobre las posibilidades de que Mario hubiera estado en deuda con apostadores o de que hubiera tenido algún problema con alguna mujer casada, ¿qué tan posible se le hace a usted esto?

—Conociéndolo en esos tres o cuatro meses que estuve con él, la persona que era él demostró ser muy respetuosa, una persona honesta. Por ejemplo, si comprábamos la garrafa de gas, él me decía no, lo compraste vos el mes pasado, esta vez lo pago yo, en ese sentido.

—¿Justa?

—Justa, sí.

—¿Y por qué cree que le haya mentido?

—Eso es lo que me mete miedo, me hace crear hipótesis que pueden ser ciertas o mentiras, no sé. Pueden ser falsas o verdaderas. No sé por qué, sinceramente no sé.

—¿Por qué cree que Arochi y Depietri dieron una versión en Argentina de que Mario había muerto en un intento de asalto a la panadería?, ¿por qué cree que mintieron?

—Un comentario que hicieron Arochi y Depietri es que a la familia se le informe eso porque demasiado era el peso que iban a tener ya con la muerte. ¿Para qué le vamos a crear más peso diciéndoles que lo habían asesinado de esa forma? Viéndolo desde el punto de vista de la familia igual se iba a enterar a la larga qué es lo que pasó con él. Que no lo matan en un asalto sino que lo asesinan como si fuera un ajuste de cuentas, no sé. La familia a la larga se iba a enterar.

—Pero ellos tomaron una decisión de mentirles…

—Momentáneamente hasta que pase un tiempo, creo que esa fue la idea, la intención.

—Pero nunca volvieron a llamar ni a tomarles llamadas a la familia. Ni uno de los dos volvió a hablar con ellas, ni una sola vez.

—No, no tengo idea.

—¿Usted también les dijo que había sido un asalto?

—Sí, un asalto. Yo cuando veo a Graciela la veo casi un año después y ya Graciela sabía que no fue un asalto común, que a él no le roban nada. Lo mismo que te comento a vos, no recuerdo si se lo dije con detalle, lo que yo sabía, pero sí que lo habían asaltado, dónde lo matan y todo esto.

— ¿Y qué piensa sobre el esclarecimiento del crimen?

—La verdad que no sé. No sé cómo es la justicia en México, no sé cómo es. Pero yo espero que sí, que tiene que haber, tiene que esclarecerse en algún momento. Ojalá cuando se esclarezca el caso se dé con la persona que haya sido responsable. A veces para decir que se esclareció el caso cae un inocente o alguien que no tiene nada que ver.

 

***

 

Marco al celular de Maude Versini. Atiende en París, el martes 28 de octubre de 2008, a las nueve de la noche, hora de Francia. Antes de hacerle la primera pregunta, me presento y le explico la razón de mi llamada.

—¿Qué opina de la muerte de Mario Palacios Montarcé?

Guarda silencio un par de segundos y contesta:       

—No conozco a ese señor… Lamento lo que le pasó.

—Era un instructor de tenis de mesa que fue asesinado…

—Como le dije —me interrumpe—, lamento lo que le pasó a ese señor. Ahora me disculpo, tengo que hacer algunas cosas.

La exesposa del gobernador colgó. Esa noche recibió en su correo electrónico un cuestionario en el que pregunté sobre Mario y los señalamientos que hace el libro La diferencia. Nunca respondió ese ni otros que le envié sobre el mismo tema, en los que le comentaba que estaba haciendo un reportaje periodístico para el que había hecho más de 90 entrevistas en México, Argentina, España y otros países, además de acceder a documentos oficiales, diplomáticos y empresariales. 

 

(CONTINUARÁ…) 


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