Hay que tomar riesgos

Ciudad de México /

Carl habla sobre la experiencia en el Stahlratte, su historia, la travesía en el Atlántico, sobre la convivencia con los zapatistas y el aprendizaje obtenido: conciencia sobre otras culturas, entender cómo viven, respetarlas y acrecentar la solidaridad


BITÁCORA PERIODÍSTICA “DIE ANDEREN AUGEN AN BORD” / CAPÍTULO VI


Me llamo Carl y vengo de Hamburgo. Soy ingeniero de construcción naval y conozco el Stahlratte (Rata de Acero) desde hace más o menos 5 años. He terminado en éste viaje por un golpe de fortuna.

El barco

Lo especial de los barcos es que generalmente viven mucho y que han vivido muchas historias, tienen muchos viajes en su haber. El Stahlratte es un muy buen ejemplo porque su construcción en 1903 lo hace claramente más antiguo que el Titanic, ya era de hecho un barco viejo cuando el Titanic se hundió, digo siempre.

Y eso se siente aquí: todo lo que hay tiene una historia, justamente con las personas que han pasado mucho tiempo aquí y conocen el barco desde hace años, como Ette, Gaby o Lulu. Siempre se puede aprender algo, aunque uno ya haya estado aquí meses o años. Todas las cosas del barco cuentan una historia.

Tenemos un cuarto común grande para dormir, tenemos una cocina en la parte de atrás con solamente un baño y una ducha, lo que nos pone de vez en cuando en problemas. Muy importante también es la sala en donde, de repente, cuando tenemos mal clima -lo que no pasa mucho por aquí-, vemos películas y pasamos tiempo juntos, oyendo y haciendo música. 

Atrás está el balcón. Ése es mi lugar favorito, porque ahí hay una hamaca que se columpia en las noches sobre el agua y cuando la hélice hace remolinos con el plancton, entonces hay cielo estrellado arriba y cielo estrellado en el agua brilla de forma hermosa. 

Sobre la seguridad del barco

Cuando el viento lo permite navegamos con nuestras seis velas y a veces usamos el motor como ayuda. Éste es un aparato muy gentil, ya con 70 años y que nos ha ayudado en los momentos difíciles en los que las velas se han puesto en huelga. 

Desde que se construyó el Stahlratte se ha avanzado mucho en el tema de seguridad en barcos. Hoy en día es algo totalmente distinto y, visto desde el punto de vista moderno, nuestro viaje representa un riesgo porque nos faltan algunas medidas de seguridad, pero, por el otro lado, la vida en sí es un riesgo y cuando se quiere alcanzar algo y se quiere luchar por algo, entonces hay que tomar riesgos.

Yo tengo mucha confianza en la experiencia de Lulu y en el Stahlratte mismo porque este barco ha vivido ya de todo y lo ha sobrevivido siempre. Además no es el único. Hay algunos “hermanos” del barco de la misma edad que todavía navegan por el Caribe y ahí no me preocupo. 

Ya tengo muchas ganas de cruzar el Atlántico. El clima es mucho más pronosticable en el Atlántico y más tranquilo que en el Caribe. El capitán siempre dice que no hay nada peor que viento en el puerto, porque lo mueve a uno de la dirección de la que quiere. Uno siempre quiere ir hacia adelante. 

El navegante alemán es originario de Hamburgo y estudió ingeniería naval. María Secco

Sobre el viaje zapatista

Tengo que confesar que subestimé el significado de este viaje cuando acepté a venir. Tuve que invertir mucho para esto porque no es fácil compaginarlo con mi trabajo y cuando llegué y me di cuenta de la importancia y el mensaje de este viaje, me sentí abrumado porque me di cuenta de que en esta idea no hay reproche alguno o crítica, sino una indicación y una posibilidad para pensar sobre lo que ya pasó y, desde el punto de vista europeo, para reflexionar sobre lo que nuestros antepasados hicieron y tal vez de dónde vienen los problemas del mundo, de dónde vienen las diferencias y porqué algunos están bien y algunos están mal y lo interesante del viaje es que aquí todos somos iguales.

Todos aquí tenemos antecedentes distintos y aún así nos entendemos, a pesar de tener ocho idiomas distintos a bordo. Con español y con señas y gestos, todos nos comunicamos y sentimos de alguna manera conectados y eso para mí es algo increíble porque me ofrece la oportunidad de contribuir para compensar el pasado, sin que exista alguna forma de agresión, amenaza, reproche o crítica agresiva. Es simplemente una energía que nos une a todos.

Sobre los zapatistas

Yo sabía más o menos en qué segmento político podía posicionar a los zapatistas pero eso era una forma muy superficial de ver las cosas y no sabía lo que me esperaría aquí, si yo estaría frente a personas con una forma de ser, digamos de alguna manera, guerrera o guerrillera. Eso no lo sabía.

Por supuesto que sabía de 1994 y de la guerra civil en México, pero también sabía que eso era algo por lo que uno tiene que luchar y yo ni siquiera estoy seguro…bueno, sí sé lo que significa luchar, pero de lo que me di cuenta es que luchar no significa necesariamente agarrar armas, sino que hay otras formas más de lucha y que uno puede defender como nosotros, las personas del barco que lo intentamos dando un ejemplo. Eso es lo que aprendí. 

Sobre la lucha

Como generación joven tenemos que encontrar una nueva forma de lucha que tal vez aún no ha existido. También creo que nos tenemos que librar de las formas que se nos han enseñado y eso también depende, creo, de en qué cultura crece cada uno.

En Europa tiene mucho que ver con despertar, porque, por lo menos a primera vista, la mayoría de los jóvenes en Alemania y otros países europeos están muy bien y uno podría creer que en todo el mundo es igual y que todos tienen sus derechos, pero hay que comprender que a nivel social y económico muchas cosas están mal y preguntarnos por qué es así.

No basta con comprar un coche eléctrico o chocolate fairtrade, se tiene que poner energía para informarse y se tiene que estar listo para acoger problemas, pero también sentir tristeza y compasión por ciertos problemas que existen en todo el mundo. Esa sería, por ejemplo, una forma en la que uno no sólo reconoce los problemas, sino que se uno mismo se dice: “no voy a ser parte de esto y quiero poner mi energía en dar otro ejemplo para influenciar a mis compañeros, para mostrarles cómo quiero vivir, voy a informarme sobre otras culturas e intentar entender cómo viven”

Esto no como ciertos programas de ayuda para el desarrollo que solamente asumen que llevar nuestra forma de vida a otras culturas es bueno. Incluso, por muy buenas que sean las intenciones, esa visión no es necesariamente buena.

Esa sería, por ejemplo, una forma en la que nosotros los jóvenes podemos defender nuestra causa, sin violencia, simplemente cambiándonos a nosotros mismos e intentando poner nuestra energía y nuestro amor en transportar el mensaje.


(CONTINUARÁ…)


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