M+.- En el norte de México, un hombre de origen campesino llamado José Concepción Martínez participó en “El Alzamiento” del 22 de febrero de 2010. Antes de ser reclutado para la guerra de Tamaulipas estuvo ocho años en la Marina Armada. Patrullaba Ciudad Mier en una camioneta con logos del CDG cuando se topó con un convoy de los Zetas que lo capturó e hizo su prisionero.
Revisito un video enviado en agosto de 2010 por sus captores por medio de mensajes electrónicos masivos, y subido y bajado de Youtube de forma intermitente, en el cual se ve a Concepción y a otros tres pistoleros vestidos con uniformes de camuflaje, hincados, con las manos amarradas a la espalda y los ojos vendados, mientras son interrogados por un comandante de los Zetas.
Concepción relata que estaba en Reynosa en espera de indicaciones junto con otros diez pistoleros antes de integrarse a una estaca, nombre que dan los grupos criminales de la región a sus equipos de vigilancia más pequeños. Su sueldo quincenal era de ochocientos dólares. Había sido capturado mientras trataba de escapar de un enfrentamiento durante su bautismo de fuego en la guerra. Aunque contraatacó con una ametralladora, tropezó en la retirada y el arma se le encasquilló. No tardó mucho en ser sometido.
El segundo de los prisioneros que aparece es José Abel Rubí. Abel nació en Baja Verapaz, un pueblo del norte de Guatemala. En la ciudad de Zacapa lo contactó un hombre de apodo el Paisa, quien andaba buscando gente que quisiera irse a una guerra que iba a empezar en el noreste de México, para la cual se necesitaban personas que supieran matar sin que eso les afectara el sueño a la hora de dormir. Les decía que a cambio el sueldo era de 1 500 dólares al mes. Abel aceptó y se embarcó con otros hombres en el puerto De Ocos hasta llegar a las costas de Oaxaca después de ocho horas de navegación.
En Oaxaca los esperaba un autobús, al cual se subieron junto con salvadoreños, nicaraguenses y hondureños, incluyendo algunas mujeres. El vehículo llegó sin mayores problemas hasta Reynosa, donde los recibieron y les avisaron que trabajarían para el Cártel del Golfo. A Abel lo asignaron a la plaza de Ciudad Mier. Una tarde en la que vigilaba la carretera apareció un convoy rival. Cuando quiso subirse a la camioneta en la que patrullaba, su compañero arrancó y lo dejó ahí, junto a otros compañeros de aventura bélica, muertos a causa de las balas.
El tercero de los prisioneros de guerra que aparecen es un hombre que dice ser de Ciudad Victoria, Tamaulipas, y haber sido contactado ahí por Jesús Martínez Hernández, un joven reclutador a quien apodaban el Binomio, quien, semanas después de iniciados los combates, se dio un tiro en la cabeza, debido a un ataque de paranoia. El prisionero de Ciudad Victoria relata que la mayoría de los hombres reclutados en México son de Michoacán; son ellos quienes integran los comandos que recorren la región acompañados por algún nativo de Tamaulipas, elemento que a su vez suele tener la función de guía.
El cuarto de los prisioneros se llama Miguel López Rodríguez y es del puerto de Veracruz. Cuenta que después de un enfrentamiento fue capturado en Ciudad Mier. Tenía once días de estar de guardia ahí y se movía por las carreteras de los alrededores, junto con otras tres decenas de hombres, a bordo de siete camionetas. Cuando sus captores se lo llevaban, de reojo vio que atrás quedaba un reguero de muertos. Saldo mudo de la batalla.
Tras dieciocho minutos de proyección el video acaba abruptamente sin que hasta la fecha se sepa el destino de los prisioneros. Es posible que estén muertos y sus verdugos también. La guerra, en cambio, para fortuna de los nuevos mercaderes y políticos, goza de buena salud.