Detective

"Los Zetas" invaden Coahuila

Diego Enrique Osorno

Isabel Arvide, una periodista bien conectada con el mundo político mexicano, supo de Humberto Moreira cuando lo vio por la televisión encarando la crisis de la mina Pasta de Conchos. “Yo dije: el gobernador está loco, ¿qué hace ahí con los deudos de los mineros peleándose?”. Poco después de lo visitó en Saltillo. Durante cinco ocasiones más se encontraron hasta que el entonces gobernador le pidió que fuera su asesora.

“Era un político de pueblo, muy de Coahuila, y necesitaba alguien que le ayudara con la política nacional”. Para dicha labor, Arvide fue entrevistada y contratada posteriormente por Rubén Moreira, quien en ese entonces era subsecretario del Gobierno de su hermano.

La primera vez que se reunieron Humberto Moreira y el entonces presidente Felipe Calderón en la residencia oficial de Los Pinos para hablar del tema de seguridad estuvieron a punto de irse a los golpes, asegura Arvide. Calderón le advirtió que uno de los candidatos del PRI en Coahuila estaba ligado al narco, a lo que Moreira le dijo que su amigo, el senador Guillermo Anaya, era concuño de Sergio Villarreal, uno de los jefes del Cártel de Sinaloa en La Laguna.

Según Arvide, Calderón reviró de nuevo: “Tú vigila a tu gente porque tu procurador [Jesús Torres Charles] está metido en todo”. Moreira le contó los detalles de la reunión a Arvide dos días después de ocurrida y su asesora le sugirió buscar al subprocurador especializado en Delincuencia Organizada, José Luis Santiago Vasconcelos, quien a su vez les recomendó contactar a Mariano Herrán Salvati, otro viejo lobo de la policía mexicana, para realizar una investigación secreta sobre Torres Charles.

Así fue como llegó a Saltillo un grupo encubierto de la Ciudad de México a investigar al entonces procurador de Humberto Moreira.

“Entonces esta gente, después de un tiempo da un reporte y dice: “no, no está metido en nada”. Al mismo tiempo, yo me enteró de que hay una versión de que los zetas le entregaron dinero a Humberto en la campaña y se lo digo. Humberto me dice: “para nada, a mí no me entregaron, no hay nada ¿Qué hacemos?”.

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Ante la situación, Arvide asegura que le aconsejó a Moreira quitarle a Torres Charles todas las policías y poniendo militares al mando de las corporaciones. “Así, cuando el presidente te vuelva a decir algo, tú le dices: “pues las policías no las manejo yo ni las maneja mi procurador, mi fiscal, quien las maneja es la gente que me mandó el secretario de la defensa”.

Posteriormente, la periodista fue el enlace entre el gobernador Moreira y el entonces Secretario de la Defensa Nacional, el General Guillermo Galván. “Esa fue la clave exacta de lo que después se convirtió en el Modelo Coahuila: la gente mandada por el General Galván sin ninguna injerencia de nadie”. Arvide le recomendó también que nunca se reuniera a solas con los mandos policiales, para evitar reclamos posteriores de que él estaba coludido o protegiendo a alguien.

Según Arvide, el cambio del comandante de la región militar ocurrió también a solicitud de Moreira. “Pedimos que nos cambiaran al comandante de la región y me mandaron a un general extraordinario que es Marco Antonio González Barreda “El Gato”. Al poco tiempo de arrancar el plan, se registró la primera baja. Uno de los militares enviados, el teniente coronel Arturo Navarro, fue asesinado por Los Zetas al poco tiempo de asumir el mando de la policía de Piedras Negras.

“Después de que llegó al cargo, los zetas van a hablar con el presidente municipal - había muchos presidentes municipales coludidos o intimidados por los zetas- y le dicen que quite al teniente coronel. El presidente municipal va luego a ver a Moreira y le dice que le quite a Navarro de ahí, a lo que Moreira le responde que no”.

Por órdenes del Gobernador, Arvide viajó a Piedras Negras a verlo. Estuvo toda una tarde con el teniente y se dio cuenta de que no tenía policías que lo cuidaran porque no confiaba en ellos. La asesora le pidió irse a vivir al cuartel del Ejército y conseguir escolta militar.

Al día siguiente lo mataron.

“A todos los militares que han matado, es bien interesante, no van a las vivas como los policías, el arma la traen guardada. En todos los cadáveres de militares, fíjate bien, encuentras el arma guardada, porque nunca dispararon, no se protegieron. Es que no tienen la mentalidad policial de estar a las vivas de ver quien me va a hacer algo, van en esta soberbia de yo de soy militar, soy general, soy jefe...”.

A raíz de eso, el gobierno de Coahuila decide que cada mando militar podrá traer a 10 militares o exmilitares de su confianza para que conformen su equipo de seguridad, los cuales recibirán un sobresueldo de 30 mil pesos cada uno, el pago de la renta donde vivan, vehículos blindados y armas modernas. Por su parte, cada mando ganaba 140 mil pesos al mes de sueldo más otros 50 mil que se les daban por concepto de inteligencia.

Con los buenos sueldos buscaban evitar que fueran comprados por Los Zetas, quienes estaban en plena invasión del estado. Pese a ello, afirma Arvide, como quiera tenían un equipo de inteligencia militar vigilando a su vez a los mandos recién llegados. Algunos empresarios cooperaron. El dueño de Altos Hornos de México, Alonso Ancira, daba 500 mil pesos mensuales en efectivo al general que estuviera a cargo de la secretaría de Seguridad Pública de Monclova para que no hubiera problemas de falta de gasolina en las 50 patrullas que había dado el gobierno estatal pintadas con los colores del Ejército.

Los problemas principales que tuvo el Modelo Coahuila fue que “la policía estaba coludida en casi todos los lugares con los zetas y los presidentes municipales o estaban metidos o estaban asustados y paraban lo que estábamos haciendo, pero sobre todo, empezó el Comandante de la Región Militar a señalar que gente del procurador Torres Charles estaba metida protegiendo a los zetas”, afirma Arvide.

(CONTINUARÁ…)

Capítulo 11 de la serie “El lugar donde se arrastran las serpientes”


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