'NAZA'

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

NAZA es un acrónimo militar que designa el número de hombres, mujeres, niños y ancianos palestinos cuya muerte puede anticiparse antes de lanzar un ataque aéreo. El eufemismo daño colateral está tan devaluado que el lenguaje del terrorismo oficial crea nuevas palabras para encubrir la palabra genocidio.

Y, en este mundo al revés de lo legal y lo ilegal, los documentalistas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor cometieron el delito de filmar un documental sobre el sistema implementado por el ejército de Israel para bombardear Gaza. Los cineastas filmaron durante tres años una veintena de testimonios de militares y de agentes de inteligencia de su país relatando la participación que tuvieron en diversas masacres palestinas.

Hace unos días se estrenó su película NAZA en el Festival de Cine de Venecia, donde recibió una ovación de casi treinta minutos y el premio especial del jurado. Ante lo sucedido, los halcones que gobiernan Israel condenaron el filme y amagaron con acciones legales en contra de los documentalistas, incluyendo el despojo de su nacionalidad.

El cine documental es para mí una extensión de la crónica porque creo que ambos se zambullen en la realidad sin saber del todo qué encontrarán durante su inmersión. Un documentalista, al igual que un cronista, tiene que saber escuchar, esperar, reunir voces y alumbrar algo que permanece nebuloso. La crónica, como el cine documental, es un poderoso ejercicio de claroscuros que busca denunciar algo del pasado en este presente, con la mirada puesta en el futuro.

Cuando empecé a trabajar en el cine documental lo hice porque intuía esta relación con la crónica. Después fui aprendiendo algo al deambular entre uno y otro, con su debido ensayo y error (más error que ensayo, en realidad), pero fue el cine de Patricio Guzmán el que me alentó a continuar ese zigzag. Guzmán tenía apenas treinta y dos años cuando salió a filmar en Santiago los últimos meses del gobierno de Salvador Allende, desde las manifestaciones masivas hasta el bombardeo de La Moneda del 11 de septiembre de 1973. 

Tras el golpe militar, el documentalista chileno fue detenido y apresado, mientras que Jorge Muller Silva, el fotógrafo que había filmado con él, fue detenido y desaparecido junto con miles de personas. Guzmán logró salir del país con el material filmado y en el exilio hizo Las batallas de Chile, una crónica urgente en su momento pero que sigue siendo a la fecha memoria de Chile y de una época tan infausta del mundo como la actual. 

“Un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías” es una de las frases célebres del director, quien falleció ayer y por eso he traído su presencia a esta columna que al principio solo intentaba hablar de NAZA y Gaza.

Justo eso. Un mundo sin cine documental y sin crónica está condenado a recordar sólo la versión de los que tienen el poder de convertir una masacre en un comunicado, las víctimas en estadísticas y el exterminio en un acrónimo. 

Descanse en paz Patricio Guzmán. Me quedo con la emoción de haber estado alguna vez en la sala de edición parisina donde solía sentarse a trabajar su nostalgia de la luz, con esa memoria imbatible. 

Lo que hicieron los cronistas israelíes Abraham y Szor es lo que había que hacer, porque hay que documentarlo todo para que, cuando llegue la hora de las negaciones, veamos lo que había que mirar y no olvidemos.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite