No saber si se retorna de donde se viene

Ciudad de México /

SERIE PERIODÍSTICA “MUERTE SÚBITA” / CAPÍTULO XII

La boda se realizó el 22 de julio con la asistencia de unos cien invitados. Especial

Cuando llegó a Toluca, Maude Versini daba la impresión de ser una gitana: se le veía orgullosa y predestinada. Se casó a los veintisiete años de edad con el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel Rojas, un político del PRI que le duplicaba la edad y que antes de su matrimonio se había hecho famoso a nivel nacional porque salía en la televisión diciendo: “Los derechos humanos son de los humanos, no de las ratas”.

La historia del romance entre Montiel y Versini parecía de telenovela y estaba en el boca a boca de Toluca. Ambos se convirtieron en personajes buscados por revistas como Quién y Caras.

Maude llegó a México en el año 2000 para el proyecto “México, el país de los mil rostros”. Se decía “periodista”, pero era una publicista de la empresa española NOA Comunicación, dirigida por ejecutivos argentinos, y dada de alta en Alicante, España. La veinteañera francesa viajó un año por el país para entrevistar a gobernadores, a quienes ofrecía publicar, a cambio hasta de un millón de pesos, reportajes sobre ellos y sus estados en el semanario Paris Match.

A través de otros gobernadores, Maude solicitó una audiencia con Montiel para ofrecerle sus servicios. El gobernador aceptó: le daría treinta minutos el domingo 24 de septiembre del 2000.

Montiel debió sorprenderse ante la belleza de la joven trigueña. Olvidado el protocolo, la charla se extendió a sesenta minutos. El mexiquense debió cortarla para ir a una cena con el gobernador de Illinois, George H. Ryan, quien llevaba un rato esperándolo. “No se vayan, falta mucho por decirles“, pidió Montiel.

En las cuatro horas de espera el gobernador les envió bandejas de quesos y jamones, y a Maude, dos recaditos de su puño y letra. Al volver, la plática siguió una hora. Entre otras cosas, le habló de manera entusiasta de la tuna, fruta mexiquense que Versini desconocía “Es tan importante para los mexicanos —le dijo Montiel—, que forma parte del escudo nacional”.

El político, entonces casado con Paula Yáñez, se despidió de la francesa, una mujer que rondaba la edad de los dos hijos que había procreado con Yáñez, una ex reina de belleza de Aguascalientes, a quien Montiel había conocido en 1970, durante una larga estancia en aquella ciudad en la que el gobernador había hecho sus primeros trabajos para el PRI. Esa madrugada de septiembre, la joven recibió sorpresivamente un dulce y jugoso regalo de Arturo Montiel: una caja llena de tunas.

Después, en 2001, según la escritora Guadalupe Loaeza, Maude convivió cinco meses en Venezuela con Hugo Chávez, a quien le hizo un publirreportaje para The New York Times. Montiel mantuvo contacto telefónico con ella durante ese tiempo y por lo menos en una ocasión —aunque se estima que hasta en tres ocasiones— organizó una gira por Caracas. Allá, Maude le dijo que se iría a vivir a Líbano. El gobernador, dolido, le pidió que volviera a México: dejaría a su esposa Paula Yáñez y le facilitaría un proyecto con la revista Hola.

Todo se precipitaría velozmente. Una noche parisina de finales de 2001, frente al Arco del Triunfo, Montiel le pidió matrimonio a Maude. Para que los recién divorciados como él pudieran casarse de modo inmediato, hizo que en 2002 el Congreso reformara el Código Civil estatal. Las reformas legislativas fueron consideradas como “el regalo de bodas” que le hacía su amigo Isidro Pastor, presidente en turno de la Cámara de Diputados y a quien Montiel contemplaba en ese entonces como su posible sucesor en la gubernatura.

La boda entre Maude y el político se realizó el 22 de julio con la asistencia de unos cien invitados. Las revistas del corazón comenzaban a sentirse atraídas por la historia. Tratando de conseguir imágenes del enlace, un intrépido fotógrafo de una de estas revistas, se subió a un enorme árbol. Su temeridad acabó en una noche calamitosa para el paparazzi, quien resbaló y cayó del árbol, fracturándose un brazo y estropeando el costoso lente de su cámara fotográfica.

***

Neuquén es considerada la pila de energía de Argentina. Se produce gas, petróleo e hidroenergía. La zona alrededor del casco urbano está llena de plantas energéticas y varias más se están construyendo en estos momentos. El corresponsal de El Clarín en la ciudad llegó aquí en los años setenta, buscando mejor suerte en una época en que ésta casi no se conseguía. La brutal represión que hubo durante los setenta, en plena época de terror en Argentina, abarcaba al periodismo. La muerte del escritor y activista Rodolfo Walsh es emblemática pero hubo otros casos.

Osvaldo Ortiz, como muchos argentinos, está marcado por esa época. Es uno de los periodistas más experimentados de El Clarín. Le faltan unos cuantos años para retirarse, aunque no se le ven muchas ganas de que esto ocurra.

Si en México el caso de Mario Palacios Montarcé no llamó la atención, en Argentina mucho menos. En Neuquén se supo de la historia como se sabe de las muertes de paisanos a los que les toca durante sus estancias en otros países. La muerte de Mario fue encuadrada en el contexto de la violencia rutinaria que padece México. Poco asombró.

—¿Cómo es el fenómeno de la emigración en Neuquén? —le pregunto a Osvaldo.

—Durante la crisis de 2000 y 200, hubo una gran emigración. Tal vez la gente de Neuquén que más emigró y que más hizo pies en el mundo fue la de la industria petrolera, porque acá había una industria petrolera importante y esa gente fue la que más se fue adaptando. Ahora hay muchos neuquenses en Europa, en Estados Unidos y en México.

—¿Y en el caso de los deportistas?

—Neuquén no tuvo un desarrollo importante en los principales deportes. No te vas a encontrar muchos futbolistas de estos lares dando vueltas por el mundo. Uno estuvo en México hace poco, un chico de Zapala: Sambueza. Neuquén tuvo acá un desarrollo importante en un deporte que en el país tal vez no tenía mayor proyección y lo que hicieron los chicos fue salir al mundo, un poco como lo hizo el tenis de mesa.—¿Qué tanto es fama y qué tanto es verdad esto de los argentinos peregrinos por el mundo?

—Nosotros siempre acusamos a Buenos Aires de que es una capital que mira al mundo y no mira al interior. Incluso sostenemos que se pusieron ahí porque ahí está el puerto para salir disparando. Así que creo un poco en que sí hay una vocación de los argentinos hacia el mundo. No sé si retornamos de donde venimos o qué. Es muy fuerte la presencia de los inmigrantes. Y aunque por ahí no hay mucha conciencia, aquí existen muchos argentinos que hacen chistes de gallegos, no obstante que vienen de allá. La mayoría de los argentinos venimos de allá. Hacemos chistes de allá y nos estamos haciendo chistes a nosotros mismos. Esto se da más que todo en Buenos Aires. Una latente constante de salir a conquistar el mundo.

(CONTINUARÁ…)


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