Somos gente que sabemos

Ciudad de México /

SERIE PERIODÍSTICA “MUERTE SÚBITA”/ CAPÍTULO XV

Mario con sus hermanas y madre. Especial

Mario era una joya desde chiquitito. Somos tres hermanos. Mi papá siempre quiso un varón y él era la joya de todos. Desde chiquitito, en la escuela primaria él siempre fue así como lo fue de grande: ayudando gente, dando las cosas que él tenía para que el otro estuviera mejor. Eso lo hizo toda la primaria, la secundaria y hasta que se fue allá.

Allá hizo lo mismo, todas las cartas que recibió mi mamá, todas las cartas hablaban bien de él. Que era bueno, que ayudaba a la gente, que ayudaba a salir de la depresión de alguno, a hacer deporte aunque no cobrara, que todo así, siempre ayudando a los demás.

Empezó a jugar al tenis de mesa en casa con un tío. Después empezó a ir a casa de amigos porque tenían una mesa en el garaje y después empezó a enterarse de que había torneos en el país. Entonces empezó a viajar, iba a un torneo, a otro. Después quiso hacer algo así, torneos, en Neuquén.

Fue a ver a Lozano, que es un deportista que hace patín. Entonces él tenía un club acá y él le dijo: “Andate al club de Ruca Ché y hacé tenis de mesa ahí”. Porque iba a distintos clubs en distintos barrios y daba clases en distintos horarios. Habló con el gobierno que quería sacar chicos de la calle, pero nadie le dio bolilla. 

Pero lo que más hay acá es gente del Movimiento Popular Neuquén (MPN), que es quien gobernó años acá, es el que está gobernando, cambia uno y el otro porque son distintas familias, y como él no se afilió a ningún partido, entonces como no se afiliaba no le dieron bolilla. 

Entonces Lozano le dijo: “Vení a la fundación”, la fundación cristiana que tiene Lozano. No era de la misma religión que tiene Lozano ni nada, pero él le dijo ‘si quieres hacer algo por los chicos hacelo acá en el club’. Entonces él fue; tenía el club ahí. 

Así que estuvo ahí un tiempo hasta que después le dijeron que se iba a México. Lozano le dijo que sí, que si quería progresar en todo, que se fuera. Cada vez que venía de México, traía algo para él. Los iba a saludar a todos. Cuando mi hijo hacía tenis de mesa ahí un tiempo y después en el gimnasio, él sabe que es sobrino de Mario, entonces tenía las puertas abiertas, así que iba cuando quisiera y todo.

A Lozano le avisó una prima mía de lo que le pasó a Mario en Toluca. Marcela es hermana del doctor que está en la Plata. Agarró y le fue a avisar apenas le dijeron. Él le avisó a todos; ese día en el gimnasio pusieron que no se daban clases de ninguno porque había fallecido un integrante que era de la fundación y todo, y que el que quisiera, fuera al velorio allá. Sí fue un grupo grande.

***

Al regresar de Argentina busqué varias veces al gerente del Club Toluca que contrató a Mario Palacios. Arochi solamente aceptó tomarme una llamada telefónica.

-Te voy a decir que dos escenarios son los que me circundan a Mario: uno, que era un gran amigo, y el otro, que tuvo una muerte muy trágica.

-Me gustaría hablar con usted en persona; acabo de regresar de Argentina…

-Tengo sesenta y tres años... Me afecta hablar del tema. Yo tuve que identificar el cadáver cuatro veces… Su fisonomía… Fueron balazos que no lo desfiguraron.

-Pero quisiera preguntarle sobre varios asuntos relacionados con la muerte de Mario.

-Sé el momento político de mi estado, el que viene. Yo sé mi cuento y créame, es todo lo que le puedo comentar.

-¿Qué tiene que ver la política con esto? ¿Hay políticos involucrados en la muerte de Mario?

-Créame que lo que sé, ya lo dije. Yo le digo textualmente que me sentaría las veces que quiera con usted, pero no para hablar de Mario. Usted en su medio y yo en el mío, somos gente que sabemos. Yo soy un viejo de sesenta y tres años y tengo algo de experiencia en la política.

-¿Hay políticos involucrados en la muerte de Mario?

-No puedo hablar, ni debo hablar. Uno sabe hasta dónde puede hablar acerca de una persona.

-¿Descarta que Mario conociera a la señora Versini?

-Ni lo acepto, ni lo descarto, ni nada. No voy a hablar más de esto.

***

Mi primo Roberto Depietri hizo que embalsamaran a Mario porque no permitían un cadáver tanto tiempo en el avión. Entonces, con el mismo pasaje que había comprado Mario, lo llevaron en avión. Primero fue a Perú, de Perú a Chile y de ahí a Buenos Aires, y de ahí a acá. En uno de esos lugares le cambiaron el cajón que le habían puesto en México.

En la funeraria me puse a mirarlo, corrí adonde tenía las manos juntas y él tenía los dedos marcados como cuando uno hace los documentos, tenía como si lo hubieran arañado mucho y golpeado la parte de arriba. 

Roberto Depietri nunca habló con nosotros. Solamente habló un poco con mi hermana Mónica. Le dijo que fue un accidente. Esa tarde todos se quedaron con la idea de que fue un asalto. Mario vivía con un maestro que se llama Avelino Gutiérrez. Él vivía ahí con Mario porque no tenían adónde ir. Mario y él se conocían porque él vivía cuatro o cinco casas más arriba de aquí en el barrio. Mi papá le hinchaba de que se fuera a la casa de Mario en México, que Mario estaba allá, que no estaba nunca, que siempre estaba en el club y les dijo: por lo menos están ahí y comparten los gastos lo que sea. 

Nunca hicimos una denuncia, porque no teníamos a nadie en México. Antes de que mi papá muriera, hicimos un poder para que Roberto trajera las cosas, el auto y para que se fijara en las cuentas de banco por si había algo que pagar o cualquier cosa. Entonces hicimos el poder y al otro día falleció mi papá. 

Roberto se lo llevó y de los viajes que hizo a México jamás nos dijo nada, nunca nos contestó. Jamás dijo “tía”, me dijeron esto, nada. Ahora él se esconde de nosotros. Fuimos a Bahía Blanca porque ahí traía dos bolsos de ropa más después de que falleció Mario. Nos fuimos en la madrugada, estuvimos un día allá. Pregunté por Ringo, pero me dicen que no estaba: ‘Se le antojó ir a Montehermoso’ un lugar de playa cerca de Bahía Blanca.  Yo, como digo las cosas como son, le digo a mi tía: ‘¡oh casualidad!’. 

Después le pregunté si tenía algún diario para ver qué salía de lo de Mario en México, pero ella dijo que no porque iba a ver sangre. Yo no se lo iba a mostrar a mi mamá, porque ella, carta que venía de alguien que conocía a Mario, la familia y todo, la leía primero yo y después se la guardaba para cuando ella se sintiera bien las leyera. Al tiempo, como a los dos años los leyó. 

Y como nosotros no tuvimos la oportunidad de ir porque ninguno tenía pasaporte, ni había mucha plata, lo dejamos a mi primo.

CONTINUARÁ



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