Una pandilla pakistaníe merodea moteles de la carretera interestatal. No queda claro qué conspiran en plena medianoche. Puede ser un incipiente negocio dentro del vasto y vital mercado ilegal de Las Cruces o, más probable, un simple divertimento trivial de fin de año.
Cierta atmósfera experimental de Nuevo México cubre los días árticos de la franja fronteriza. Marcianos hidroencefálicos verdes pululan por rincones dispuestos para los viajeros. Texas está al ladito pero Nuevo México parece más orgullosa de tener conexión con otros planetas.
Todo es presencia. Todos los siglos son este instante, escribió Octavio Paz, aunque después me corrige una moneda de 20 pesos acuñada en su honor. La frase inscrita en el níquel conmemorativo dice: “Todo es presencia. Todos los siglos son este PRESENTE”.
La readaptación social a la cotidianidad, tras la pandemia, hace que nos preguntemos qué significa ahora estar presente. El aislamiento durante la pandemia nos encorvó ante nuestros teléfonos y computadoras para comparecer ante el mundo familiar, amistoso, laboral, mercantil y de ocio. Nuestra genuflexión fue tal que la vida virtual se volvió tan real como la física.
Aunque el covid sigue haciéndonos compañía, ya hemos sacado nuestros cuerpos vacunados a las calles en tropel otra vez. Mientras establecemos una “nueva nueva normalidad”, prevalece la inercia de la comunicación digital dominante de la pandemia, de tal manera que arrastramos del confinamiento costumbres como el deber tener siempre la capacidad de reacción instantánea a conversaciones vertiginosas en las aplicaciones de mensajes.
De tal forma que en esta nueva situación híbrida en la que estamos, movemos los dedos y balbuceamos ideas por nuestros aparatos mientras tratamos de poner atención al amigo que relata en vivo y en directo su crisis de ansiedad o escucha la tuya.
La ausencia presencial es la nueva pandemia.
Pasada la medianoche, tras poner algo de atención e imaginación, se desveló el misterio de la pandilla pakistaníe: Eran gamers deambulando para una especie de convención o competencia celebrada en diferentes habitaciones del motel vecino. Podían haber jugado en línea a través de sus respectivas pantallas caseras, pero tomaron la radical decisión de conectarse en persona.
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